La inconsciencia

Lo acontecido en Altata este fin de semana muestra que los sinaloenses no hemos entendido la real dimensión de la pandemia y que la lucha para mantener bajo control los contagios será más difícil de lo que se pensaba.

Muchos hemos acatado las disposiciones de las autoridades sanitarias manteniéndonos confinados en casa en la medida de nuestras posibilidades. Otros han tenido que salir a trabajar debido a que se desempeñan en actividades esenciales, pero respetando las reglas de prevención.

El personal de las instituciones de salud se debe valorar aparte. Arriesgan a cada instante su vida, y las de sus familias, para atender a los enfermos.

La propia Secretaría de Secretaría de Salud del Estado ha reconocido que en lo que va de la contingencia se tienen casi 2 mil contagiados entre su personal, principalmente de enfermería con 800. Hay más de 500 médicos que han enfermado. Se tienen 30 fallecidos.

Las últimas estadísticas muestran que en Sinaloa se rebasaron los 8 mil casos confirmados de Covid 19 y hay mil 236 fallecidos.

El personal de salud está cansado, desmoralizado, temeroso, enojado y hasta desilusionado porque no mira que la gente se cuide a fin de ir bajando los contagios y las muertes.

Los muertos no son solo números. Son personas con familia, ilusiones, con hijos, con padres, que sufren gran dolor de perder a su ser querido sin tan siquiera poder despedirse de él.

Esa cantidad de personas fallecidas en Sinaloa es igual a que hubieran desaparecido seis comunidades como en la que vivo, La Uva, y una vez el poblado vecino, La Cofradía, en el municipio de Guasave.

Preocupa que ante todo lo que está pasando la prioridad de muchos sinaleonses sea abarrotar las playas y otros sitios de diversión, como en su momento lo hicieron con los expendios cerveceros.

Ante la gravedad que se muestra en las estadísticas oficiales, ¿qué es lo que está pasando? ¿Quién no está haciendo la parte que le corresponde? ¿Para qué ha servido que cientos de familias nos hayamos aislado durante más de dos meses acatando las recomendaciones de las autoridades sanitarias? ¿Y el sacrificio de los médicos que se sostienen en la lucha atendiendo a contagiados exponiéndose a enfermarse y hasta a perder la vida? ¿Y todas las acciones de las autoridades informando, distribuyendo gel antibacterial, sanitizando y coordinando apoyo a para las instituciones de salud? ¿Y el cierre de negocios de pequeños empresarios que quebraron o están a punto de la quiebra, sin ingresos, y sin recursos para reabrirlos? 

No es cuestión de que se entre en pánico. Hay mucha hay mucha gente que tiene que salir de sus casas a trabajar porque hace eso o no come su familia. Claro que se tiene que retornar a la “nueva normalidad”, con los comercios abiertos, las fábricas activas, las playas y otros puntos de esparcimiento a disposición, los prestadores de servicios trabajando, pero parece que no estamos en el camino más adecuado para lograrlo con los menores daños posibles. 

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