Opinión

La importancia de tener enemigos

En política, cuando un gobernante afronta problemas que ponen en entredicho su mandato y amenazan con revertir el apoyo de su pueblo, no hay mayor fortuna para él que aparezca un enemigo externo, ya sea verdadero o creado por el mismo gobierno, porque esto genera espontáneamente un sentimiento de unidad nacional que le brinda a ese gobernante un gran respaldo social y la distracción del pueblo sobre sus dificultades actuales.

            Este fenómeno no es atribuible en sí mismo a la personalidad carismática que pudiera tener el mandatario, sino que es un comportamiento humano previsto por la teoría política, en el que la sociedad organizada –aunque esté inconforme con su autoridad- cierra filas ante cualquier amenaza externa por elemental sentido de preservación.

            Ello no es nuevo y ya lo estudiaba a principios del siglo XVI el principal teórico realista de la política, como lo fue el italiano Nicolás Maquiavelo, cuando en su obra magna El Príncipe analiza la estrategia usada por el rey español Fernando de Aragón al crear la guerra contra Granada. «Distrajo la atención de los nobles de Castilla, que, concentrados en esa guerra, no pensaban en cambios políticos, y por este medio adquirió autoridad y reputación sobre ellos y sin que se dieran cuenta».

            Otro autor célebre que analiza ese comportamiento fue el periodista y escritor inglés George Orwell, en una de sus grandes obras titulada 1984, escrita hace 70 años, en 1949. En esa novela advierte que cuando hay una guerra externa, existe paz interior en el país y respaldo al gobierno. «La guerra es paz, ya que la guerra provoca que los ciudadanos no se levanten contra el Estado ante el temor al enemigo; de esta manera se mantiene la paz».

            En la era moderna, quien más ha recurrido a la teoría del enemigo externo ha sido Estados Unidos con la invención del comunismo como el gran riesgo para la democracia, primero con su intervencionismo exitoso en la guerra de Corea de 1950-1953 y luego su fracaso en Vietnam de 1964-1975, ambos enmarcados en la guerra fría contra la URSS desde 1947 a 1991. Posteriormente el enemigo fueron las dictaduras despóticas y el terrorismo para intervenir en Panamá en 1989, Kuwait 1990-1991, Afganistán 2001-2017, Irak 2003 y Libia 2011.

            Ahora el enemigo externo en la era de Donald Trump es la migración ilegal, y el campo de batalla escogido irremediablemente es México, paso obligado de los migrantes centroamericanos hacia la tierra del sueño americano. De esa manera, el nuevo enemigo de Estados Unidos ya no es un comunista, un dictador despótico o un terrorista, sino que es el presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien Trump le ha declarado la guerra comercial.

            Así, sin realmente proponérselo, López Obrador ya tiene su propio enemigo externo que le ha llegado en el momento en que más lo necesitaba, para su fortuna y alivio.

            En estas dos semanas juzgue usted amable lector, si no se ha cumplido lo que dice la teoría: a) el respaldo social al gobernante ante la aparición del enemigo externo. Antes de que López Obrador convocara al mitin de defensa de la dignidad en Tijuana de este sábado 8 de junio, surgió de manera espontánea el frente común hacia su persona, siendo el primero en declararle su apoyo el excandidato del PRI a la presidencia de la República, José Antonio Meade, seguido del magnate Carlos Slim, organismos empresariales, gobernadores, senadores y diputados de varios partidos políticos. Es decir, sus otrora rivales políticos.

            La segunda consecuencia de la aparición del enemigo externo: b) la paz interior y la distracción sobre los problemas actuales. Desde que Donald Trump anunció su amenaza de gravar con aranceles graduales del 5 por ciento todas las importaciones mexicanas en Estados Unidos, en el país desaparecieron de la discusión pública los problemas que más estaban poniendo en evidencia al gobierno de López Obrador, como son: 1) el desabasto de medicinas, 2) el aumento en los crímenes, 3) el desarme de militares a manos de ciudadanos armados, 4) los precios de las gasolinas, y 5) la caída en las preferencias ciudadanas del presidente según las encuestas que evaluaron sus primeros seis meses de gobierno.

            Vistas estas consecuencias políticas, y de cara a la controvertida solución acordada con Estados Unidos para conjurar los nuevos aranceles a cambio de reforzar con la Guardia Nacional la seguridad en la frontera sur, podemos afirmar que ciertamente el presidente Andrés Manuel López Obrador ha resultado ganador en esta guerra mediática y comercial en tres aspectos importantes: 1) se ha reposicionado políticamente con un gran respaldo popular, 2) se dejó de hablar de los problemas que más exhibían a su gobierno, y 3) evitó el gran impacto a la economía nacional que habrían ocasionado los aranceles estadounidenses, que si bien dista mucho de ser la solución deseable, sí es la posible ante la beligerancia de un enemigo poderoso empecinado en la guerra como estrategia permanente de campaña.

            Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda

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