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La educación no admite improvisaciones

La educación de un país no puede estar sujeta a ocurrencias, presiones coyunturales ni decisiones tomadas sobre la marcha. Mucho menos cuando se trata del calendario...

Víctor Torres
Foto: Línea Directa. | Director General de Línea Directa, Víctor Torres.

La educación de un país no puede estar sujeta a ocurrencias, presiones coyunturales ni decisiones tomadas sobre la marcha. Mucho menos cuando se trata del calendario escolar de millones de niñas, niños y adolescentes que dependen de una estructura educativa diseñada, o al menos debería estarlo, bajo criterios pedagógicos, técnicos y sociales, no políticos ni mediáticos.

La reciente propuesta de reducir el ciclo escolar encendió un debate necesario. El argumento de las altas temperaturas en algunas regiones del país puede ser válido y merece atención. También es cierto que México será protagonista de eventos internacionales de gran magnitud como la Copa Mundial de Futbol.

Sin embargo, una cosa es atender circunstancias extraordinarias, y otra muy distinta alterar de forma generalizada la planeación educativa nacional cuando el ciclo está prácticamente en su recta final.

Aquí el fondo no está solamente en la fecha de salida de clases. El fondo está en el mensaje que se manda. Cuando se modifican calendarios, programas o lineamientos sin una planeación integral, lo que se transmite es incertidumbre a maestros, directivos, padres de familia y, por supuesto, a los estudiantes.

Por eso fue importante la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum al pedir revisar nuevamente la propuesta anunciada por el secretario Mario Delgado.

Corregir a tiempo también es gobernar. Y cuando se trata de educación, rectificar no debe verse como debilidad, sino como responsabilidad.

México es un país profundamente diverso. No vive las mismas condiciones climáticas Sinaloa que la Ciudad de México. No enfrentan los mismos retos logísticos las ciudades sede del Mundial que aquellas que no tendrán impacto directo.

Por eso, si hay que hacer ajustes, deben acordarse con visión regional, con evidencia y con diálogo, no con medidas generales diseñadas desde el escritorio.

La educación debe dejar de ser tema de discurso y convertirse en prioridad real. Eso implica revisar planes y programas, actualizar contenidos, mejorar infraestructura escolar y proteger a alumnos y docentes frente a fenómenos como las altas temperaturas.

Pero también implica algo fundamental: respetar la planeación original del ciclo escolar.

Fuente: Internet

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