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La caja está vacía. El negocio no

Sony acaba de anunciar el fin del disco físico. Curiosamente, adentro de esa caja vacía está el futuro de tu negocio

Caja vacía de Grand Theft Auto VI
El Videojuego Grand Theft Auto VI no contará con un disco físico | Imagen ilustrativa: Línea Directa

De niño tenía tres sueños: escribir en un periódico, ser arquitecto y diseñar videojuegos. El primero ya lo estoy cumpliendo aquí. Los otros dos aun no, pero el amor por los videojuegos no se me fue jamás. Hay algo de esa época que recuerdo con mucho cariño, el ritual de lo físico. Soplarle al cartucho para que funcione. Leer los manuales, aunque nunca los leyera realmente. Sacar el disco con cuidado de no rayarlo. Prestarle el juego a un amigo con esperanza a que regresara vivo -el juego, no el amigo. El estante lleno de cajas que decía más de ti que cualquier bio de redes sociales.

Todo eso se está acabando, y esta semana quedó con fecha de defunción. Sony -una de las empresas que popularizó el estándar del CD y el DVD- acaba de anunciar que a partir de enero de 2028 deja de producir discos físicos para todos los juegos nuevos de PlayStation. De ahí en adelante, todo será digital. La razón que dan es fría, calculadora y honesta: casi 4 de cada 5 juegos ya se compran como descarga digital.

Pero el símbolo verdadero llegó un poco antes, con el Grand Theft Auto VI, el lanzamiento más grande en la historia del entretenimiento. Su edición “física” saldrá sin disco. Así es. ¡Te venderán una caja vacía! Con un código adentro. Nada más. Pagas por una caja vacía y una bonita contraseña… para que puedas descargarlo de forma digital.

Y aquí es donde quiero dejar algo en claro, porque esa caja vacía no es una notita de nostalgia gamer. Es el mapa de hacia dónde va el valor en todos los negocios, incluido el tuyo.

Analicemos. Cuando comprabas el disco, ERAS dueño. Lo prestabas, lo vendías, lo heredabas, lo guardabas veinte años —yo aún tengo mis discos, muy bien conservados, y uno que otro cartucho de la era de los 90s—. Cuando compras un código, tienes una licencia, es decir, un permiso para usar algo que nunca es ni será tuyo, y que además te pueden revocar.

Ese cambio, de poseer a acceder, ya lo viviste, de a poco en poco. Dejaste de comprar discos de música y te suscribiste a Spotify. Dejaste de comprar -y rentar- películas y te suscribiste a Netflix. Dejaste de comprar software en caja y hoy le pagas mensualidad a media docena de programas —porque claro que compramos software y para nada que lo pirateamos ¿verdad? —. Los videojuegos eran de los últimos que resistían con algo físico. Se acaban de rendir.

Ojo, esto no es una moda. Es el movimiento estratégico más grande de nuestra época. Y tiene dos caras que, a ti, como empresario, te conviene mirar y meditar por separado.

Lección número 1: el futuro del valor es la relación, no la venta.

Sony no está matando el disco por pereza ni por ahorrar plástico. Está cambiando una venta única por una relación permanente. Ya no te vende un juego y se despide; te mete a su tienda, te arma una biblioteca cautiva, te acostumbra a la suscripción. La venta dejó de ser la meta. Ahora es apenas el inicio de una relación que quieren que dure años.

Esa es la pregunta interesante para cualquier negocio en Sinaloa: ¿qué parte de lo que hoy vendes una sola vez, podría convertirse en un servicio recurrente?

El que arregla el carro cuando se descompone puede vender que no se descomponga: deja de vivir de la falla, vive de mantenerlo sano. El que vende un software, batallando por obtener un retorno justo, puede vender soporte continuo. El que entrega un proyecto y desaparece puede quedarse administrando la relación añadiéndole valor. No, no se trata de exprimir al cliente; más bien se trata de dejar de tratar cada venta como un adiós. El negocio que solo vende transacciones vive persiguiendo desconocidos todos los meses. El que vende recurrencia, construye sobre relaciones que ya tiene. Uno rema contra la corriente; el otro deja que la corriente lo empuje.

Lección 2: si el juego lo tienes rentado, no es tuyo. Tu negocio tampoco.

Como parte del mismo movimiento, Sony va a cerrar su tienda de PlayStation 3 en agosto de este año. Y hay que ser justos con el dato: los juegos que ya compraste no se evaporan —los vas a poder seguir descargando—. Pero hay un truco aquí. Los vas a poder bajar, pero no para siempre. Ya no vas a poder comprar nada nuevo ahí. No lo puedes prestar, no lo puedes vender, no lo puedes heredar. Sigue funcionando, sí, pero mientras el dueño Sony mantenga las luces prendidas y bajo las reglas que él ponga.

Léelo otra vez, pero pensando en tu negocio.

Porque hay muchísimos empresarios locales que construyeron toda su presencia sobre tierra rentada. Sus clientes viven en una página de Facebook. Sus ventas dependen de una cuenta de Instagram. Su comunidad está en un grupo que administra otra empresa, en otro país, que un día puede cambiar el algoritmo, cerrar la tienda o subir la renta —y no les va a avisar—. Son dueños de un negocio que en realidad tienen rentado.

Aquí está el matiz que amarra las dos lecciones: véndeles acceso a tus clientes, pero no construyas tu propio negocio sobre el acceso que te renta otro. Tu base de datos, tu lista de contactos, tu CRM, tu relación directa por WhatsApp o correo, todo eso sí es tuyo. Eso nadie lo puede apagar mañana. El empresario que entendió el juego es el que tiene las llaves en la mano, no el que le paga renta al que las tiene.

La caja se vació, sí. Pero adentro no quedó nada por casualidad, quedó una lección. El valor se mudó del objeto a la relación. De la tangible, a la llave. Y en ese mundo, la pregunta ya no es qué vendes, sino quién se queda con la llave cuando termina la venta.

Que no sea otra persona. Que seas TÚ.

Mi recomendación musical de la semana. Un clásico. “Video Killed the Radio Star”, The Buggles (1979). Una canción sobre un medio matando al anterior —el video acabando con la estrella de la radio— que, además, dato curioso, fue el primer video que MTV puso al aire… un medio que, irónicamente con el tiempo, también quedó desplazado. Cada tecnología promete ser el final del camino, y siempre es apenas el inicio de uno nuevo.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Heb Martínez

Heb Martínez

Columnista

Heb Martínez

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