Javier Valdez, tres años ya

Son tres años, se cumplen hoy, del asesinato del periodista Javier Valdez, y su caso aún duele.  

Los crímenes de Javier y de decenas de periodistas que han aspirado a decir la verdad, a dar voz a los que no la tienen, se cometen porque los asesinos tienen la certeza de que no van a pagar por ellos, que no habrá consecuencias de ningún tipo.

Aunque en el caso específico de Javier, producto  de las investigaciones bajo presión del gremio y de organizaciones nacionales e internacionales de la sociedad civil, hay algunos resultados, que no satisfacen del todo, la impunidad en los atentados contra comunicadores es la premisa.

Los ataques a periodistas en nuestro país los incentivan la deficiente persecución y castigo de los criminales, y muchas omisiones de las autoridades.

Esto es sumamente grave, porque la impunidad, superior al 90 porciento, desinhibe a los delincuentes, eleva el riesgo para todos, sociedad y comunicadores, y obstruye el cumplimiento cabal del compromiso social del periodismo con la sociedad.

Bajo esa circunstancia es temerario ejercer el periodismo a plenitud, y quienes lo hacen, como sí lo hizo Javier y siguen ejerciéndolo muchos colegas, es a costa de grandes y permanentes riesgos.

Es cierto que esa sensación de fragilidad, de exposición permanente al peligro, no es exclusiva de los comunicadores, que la padece toda la sociedad en este clima violento que vivimos, pero matar a un periodista es también una agresión a esa sociedad con la que el comunicador está comprometido, a la que se debe.

La certidumbre en el ejercicio periodístico es directamente proporcional al sentido de seguridad de la sociedad. Si ésta no se siente protegida por las instituciones del Estado mexicano, tampoco los periodistas tendrán condiciones seguras para cumplir con su trabajo.

No vayan contra el mensajero. Los periodistas solo narramos hechos y esbozamos así el primer borrador de los mismos, que es importante que quede como testimonio, pero al final desde el poder escribirán a conveniencia su propia versión de la historia.

En recuerdo a Javier Valdez Cárdenas, en exigencia de justicia plena.

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