Del 19 al 23 de enero se llevó a cabo la reunión del Foro Económico Mundial con la presencia de los principales líderes del mundo, en Davos, Suiza. Uno de los grandes logros de este encuentro es la capacidad de reunir a líderes del ámbito público y privado en un mismo espacio de diálogo.
En esta 56ª edición participaron cerca de 3 mil personas provenientes de 130 países, bajo el lema: El espíritu del diálogo, cuyo objetivo fue generar oportunidades en torno a dos temas fundamentales y urgentes: el crecimiento económico y la geopolítica.
El foro se desarrolló en un contexto global definido como “la era de la competencia”, caracterizado por confrontaciones y fragmentaciones geopolíticas, incertidumbre económica, aceleración del desarrollo tecnológico y predicciones turbulentas derivadas de factores geopolíticos y de crisis medioambientales, identificadas como riesgos presentes tanto en el corto como en el largo plazo.
La reunión giró en torno a cinco grandes retos para una Agenda Global basada en la cooperación entre empresas, gobiernos y sociedad civil:
1. Cooperación en un mundo fragmentado y competitivo.
2. Desbloquear nuevas fuentes de crecimiento en un entorno de incertidumbre.
3. Invertir en las personas, fortaleciendo la resiliencia social y laboral, así como la transformación del empleo mediante la inteligencia artificial.
4. Desplegar innovación a gran escala y de forma responsable, aprovechando la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes con gobernanza adecuada e inversión sostenida.
5. Crear prosperidad respetando los límites del planeta ante el impacto del cambio climático.
La IA podría ser más inteligente que los humanos
Uno de los temas más relevantes fue encabezado por Elon Musk, fundador de SpaceX y Tesla, quien advirtió durante el foro que la inteligencia artificial podría superar la capacidad intelectual de cualquier ser humano antes de que finalice 2026. Su pronóstico es que “habrá más robots que personas”.
Este avance obligará a todas las personas a reflexionar sobre su propósito individual y a replantear la relación entre las personas y el trabajo. Este proceso va de la mano con el desarrollo de robots como Optimus, el robot humanoide creado por Tesla, que ya realiza tareas en áreas industriales. Se pronostica que para finales de este año estos robots podrían comenzar a venderse al público.
Una de las advertencias señaladas fue que el avance tecnológico podría verse limitado por la capacidad energética y no por la potencia computacional. Musk indicó también que “el lugar menos costoso para poner IA será el espacio”, y agregó que una de las alternativas para sostener a la inteligencia artificial a gran escala será el uso de energía solar.
Este evento devuelve al centro del debate mundial la discusión en torno a la inteligencia artificial, reforzando la necesidad de su regulación, la definición de límites claros y el análisis de sus probables implicaciones sociales. Surge, además, una interrogante clave: ¿cómo deberán adaptarse los países en términos de infraestructura para avanzar en esta nueva era tecnológica?
La inteligencia artificial requiere límites claros y marcos jurídicos responsables que garanticen seguridad, privacidad, no discriminación y protección de los datos personales. El riesgo no radica únicamente en que la IA sustituya funciones humanas, sino en que las decisiones más relevantes continúen recayendo en los seres humanos sin una gobernanza adecuada.
La gobernanza debe ser responsable, con soberanía tecnológica, principios éticos claros y siempre colocando a las personas en el centro.