Hartazgo e incertidumbre

Con una carga de casi 400 fallecidos y 2 mil 500 casos confirmados de COVID-19 en Sinaloa, estamos a menos de una semana de que se cumpla el plazo original que se dio para que pudieran reanudarse muchas de las actividades productivas con la apertura de empresas consideradas como no esenciales y dependencias de gobierno.

De hecho, como es el caso de las labores escolares, ya es oficial que no podrán hacerlo.

Las condiciones en las que se llega a esta etapa no son de ninguna manera halagadoras. Por diversas causas, incluidas decisiones de gobierno unas y otras propias de las conductas que hemos asumido como ciudadanos.

Se han creado todas las características para la formación de un coctel donde la única certeza que tenemos es la incertidumbre.

Está el desespero entendible de muchos jefes de familia que durante varias semanas acataron las recomendaciones de las autoridades de salud, se mantuvieron en casa, no laboraron, no tienen un ingreso y si contaba con algún ahorro, éste se les ha acabado.

Muchos empresarios están al borde de la quiebra por el cierre temporal de sus negocios y les urge reanudar actividades.

Médicos, enfermeras y demás personal de Salud está casi por explotar porque pese a su sacrificio no ven que la famosa curva se aplane y los invade el desaliento al mirar el comportamiento de ciudadanos irresponsables que actúan como si nada pasara y no asumen ni las mínimas medidas de prevención para reducir el índice de contagios.

Las muestras de solidaridad de empresarios y particulares para respaldar con equipos e insumos al personal médico de manera natural, se irán reduciendo. Tampoco eso puede ser permanente.

Lo que sucedió con las aglomeraciones irracionales de compradores de bebidas alcohólicas al terminarse la llamada “ley seca”, y el fin de semana pasado con las fiestas particulares, la asistencia a playas pese a la prohibición, y el incremento de la movilidad en las principales ciudades de Sinaloa, muestra ya un hartazgo de la gente por el confinamiento.

¿Qué hacer, entonces? Se tendrá que salir a retomar la “normalidad” en los próximos días, cualquiera que esta sea, con la única seguridad que no puede ser igual a la que conocimos antes de la pandemia.

Es cierto que el Estado no se puede convertir en gendarme permanente de cada ciudadano para exigirle que se apegue a las medidas preventivas recomendadas. Esto sebe ser responsabilidad exclusiva de cada individuo, cuando menos con las reglas actuales.

Creo que es el momento que el gobierno cumpla con las obligaciones de disponer de personas médico e infraestructura hospitalaria, para atender lo mejor posible a los ciudadanos que lo requieran en esta emergencia.

Además, hacer que empresas y ciudadanos asuman las normas elementales de responsabilidad en una circunstancia de urgencia como la que padecemos por la pandemia.

Lo demás es responsabilidad nuestra. Si hacemos lo que nos corresponde, si asumimos que no podemos actuar como lo hacíamos antes, más pronto y mejor librados podremos salir de esta. 

Comentarios