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Guía de supervivencia: Lo que Culiacán le puede enseñar a México

La semana pasada fue en extremo convulsa para los mexicanos. Los sucesos en Jalisco tras la detención de un líder criminal pusieron en alerta a varios...

Analista y columnista Línea Directa.
Juan Ordorica. | Analista y columnista Línea Directa.

La semana pasada fue en extremo convulsa para los mexicanos. Los sucesos en Jalisco tras la detención de un líder criminal pusieron en alerta a varios estados; sin embargo, lo más preocupante no fue solo el despliegue de fuerza, sino la escalada de paranoia en ciudades enteras. Ante la incertidumbre de un choque frontal entre grupos delictivos y el Gobierno, la población civil quedó, una vez más, atrapada en medio del fuego cruzado.

Nosotros, los culichis —tras dos “Culiacanazos”, décadas de conflictos y una guerra actual que suma ya 18 meses—, hemos desarrollado un complejo manual no escrito de supervivencia. Es una tragedia que estos consejos deban compartirse para aspirar a una vida medianamente ordinaria, pero en la realidad actual, ignorarlos es un lujo que no podemos darnos.

1. Gestionar el miedo, no ignorarlo

Si usted vive en una ciudad con presencia del crimen organizado, es menester aceptar el miedo como un sentimiento constante. Nos dicen hasta el cansancio que “no hay que dejar que el miedo nos gane”, pero el miedo es saludable cuando se vive en el epicentro del conflicto. No se trata de vivir aterrorizados, sino de entender que el Estado falló miserablemente en brindarnos seguridad. Aprenda a desconfiar y a utilizar ese miedo para agudizar sus sentidos y tomar decisiones más prudentes.

2. Reorganice su geografía cotidiana

En una sociedad amenazada por la aleatoriedad de la violencia, el tiempo en la calle debe reducirse al mínimo. Los culichis hemos aprendido a movernos en círculos estrechos: el supermercado, el cine o la plaza deben ser los más cercanos al hogar. Evite cruzar la ciudad innecesariamente. No existen las zonas seguras, pero se puede disminuir el riesgo si limitamos nuestro radio de exposición.

3. Filtre el ruido informativo

En las horas más aciagas, la información será abrumadora y contradictoria. Los medios tradicionales suelen ser más lentos, pero su información ya ha sido verificada; las redes sociales son inmediatas, pero requieren un ojo crítico para separar el reporte real del rumor malintencionado. Un consejo vital: la información oficial suele ser mala, tardía y minimizadora. Úsela solo como referencia de lo que el Gobierno quiere que creamos, no como una guía para su seguridad.

4. La disciplina del “Auto-Toque de Queda”

Aunque no sean recomendables para la economía o el espíritu, los toques de queda voluntarios son necesarios. La vida nocturna es el primer sacrificio en favor de la paz mental. Al caer el sol, las autoridades suelen retirarse y los delincuentes salen a “patrullar”. Si debe circular de noche, hágalo por avenidas principales, a velocidad moderada y —por doloroso que suene— con las ventanillas abajo. Muchas tragedias han ocurrido simplemente porque alguien fue “confundido” tras un cristal polarizado.

5. La red de seguridad familiar

Aumente la comunicación al máximo. No importa si sale al abarrote de la esquina o a un concierto: alguien siempre debe saber dónde está usted. Cargue siempre con una batería externa para su celular; en una crisis, un teléfono muerto es aislamiento total. Considere incluso el uso de dispositivos GPS para sus hijos. Puede sonar exagerado, pero en medio de la zozobra, esos metros de rastro digital son los únicos que ofrecen un gramo de tranquilidad.

6. El mandamiento final: No normalizar

El consejo más importante que puedo ofrecerle es este: impida a toda costa normalizar la barbarie. Las autoridades y ciertos sectores buscarán convencerlo de que esto es “lo normal”. No se acostumbre a vivir entre muertos, sangre y balas. Un solo fallecido es motivo suficiente para la indignación. No acepte etiquetas como “hechos aislados” o “víctimas colaterales”. En el momento en que dejamos de asombrarnos ante el horror, nos convertimos en cómplices por omisión.

¡No deje que le arrebaten su ciudad; no deje que le arrebaten su capacidad de sentir!

¿Usted qué opina, amable lector? ¿Qué consejos agregaría?

Fuente: Internet

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Juan Ordorica

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