Forajidos con poder

El problema de la corrupción ha sido el eje sobre el que ha girado la política desde hace tiempo, pero particularmente durante las últimas semanas.

Ahí están las filtraciones de los videos filmados clandestinamente de personajes públicos claramente incurriendo en hechos ilegales, recibiendo y entregando dinero de dudosa procedencia, y las grabaciones de conversaciones de la misma índole.

La clandestinidad cuando menos mueve a la sospecha. Así son las reuniones de los forajidos para planear sus fechorías y para repartirse el botín.

Y por otro lado la rapacería y la opacidad. En Sinaloa desde el Congreso del Estado se da a conocer la compra de una toalla en 968 pesos, tres pares de calcetines en 298, unos pantalones en 440 y una camisa y unos boxers, que cuestan lo mismo, exactamente 351.89 pesos cada uno, por parte de dos legisladores del Partido del Trabajo, con cargo al presupuesto legislativo.

No se puede prejuzgar que este caso se trate de corrupción, pero sí se puede establecer que algo no se está haciendo bien con esos recursos públicos que se les entregan a los diputados para supuesta ayuda social, de los que disponen a su libre albedrío y sin que se pueda comprobar que se usaron para ese fin. 

En esta lucha parece que todos juegan a juegan a ver quién es el que ha hecho más cochinadas, aventándose lodo de todos lados, ante la expectación de una sociedad dividida y dispuesta a defender cada atrocidad no en función de las evidencias, sino de acuerdo a sus conveniencias y simpatías políticas.

A muchos se les llena la boca cuando hablan de la lucha contra la corrupción y de la austeridad republicana, pero no pregonan con el ejemplo. Hablan por una parte de salarios prudentes pero dignos, y por otra participan en la rapiña mediante bonos y compensaciones extraordinarias exentas de gravamen fiscal.

Es necesario insistir en que la incursión de una persona en el servicio público debe ser un gran privilegio, una gran oportunidad para servir. 

La voracidad desnuda a muchos miembros de una clase política mezquina, tacaña y corriente, incapaz de actuar con honestidad y decencia, mucho menos dispuesta a aplicarse la ley ellos a como exigen que se les aplique a todos los demás.

Si vemos la actuación de muchos de estos que ostentan el poder, tan ruin como ellos son, tan carente de nobleza, tan tacaña, claramente concluimos que no han estado a la altura de las circunstancias pasadas y actuales de este país, y entonces de manera automática e inmediata nos explicamos porqué estamos como estamos.

Creo que hoy hay una gran oportunidad de exigirles que sean diferentes.

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