¿Es verdad que el tiempo lo cura todo?

¿Es verdad que el tiempo lo cura todo?

¿Cuántas veces has escuchado esta frase? ¿Cuántas veces tú mismo la has dicho?

 Seguramente muchas, aunque desgraciadamente esto es falso, y no solo eso, también es peligrosa.

El objetivo de usar esta expresión es el de de aliviar el dolor de alguien, darle ánimos y recordarle que estará mejor. Y, aunque esto sea con la mejor de las intenciones, de alguna manera lo que estamos diciendo es que sin que sea necesario hacer nada más, su malestar desaparecerá o mejorará por sí solo… y por supuesto, ¡Esto no es verdad!

Las emociones que ignoramos o manejamos incorrectamente, lejos de desaparecer, quedan almacenadas en alguna parte a la espera de que paguemos nuestra «deuda» con ellas (y en la mayoría de las ocasiones, con intereses).

Otra frase muy parecida a “el tiempo lo cura todo” es la expresión “deja que el tiempo lo ponga todo en su lugar”, que de nuevo invita a la pasividad y a la espera. Esta vez parece ser que, si esperamos el tiempo suficiente, las cosas se colocarán como es debido sin que tengamos que atrevernos a participar en ello.

 Con estas actitudes nos convertimos en víctimas pasivas, en ranas hervidas (si no conoces este síndrome haz click aquí), que en lugar de responsabilizarse de sus vidas esperan a que las cosas (o los demás) cambien para ahorrarse el trabajo de decidir, actuar, expresar, arriesgar… parece que lo que quieren ahorrarse, al fin y al cabo, es vivir.

Estrés, ansiedad, insatisfacción, depresión… pueden ser algunas de las consecuencias de pretender que el tiempo haga un trabajo que tenemos que hacer nosotros.

El tiempo no cura

A mi consulta con frecuencia llegan personas que han vivido experiencias muy dolorosas. Muchas de ellas me dicen que ya las han superado porque las sienten lejanas y creen que pasado un cierto tiempo, ya no afectan a su presente.

– “María” perdió a su madre cuando tenía 17 años. Llegó a mi consulta con con 38, expresó que “ya lo tenía superado”. Durante su proceso terapéutico se dio cuenta de que no era así y logró darse cuenta de cómo este hecho había influido enormemente en su vida y relaciones personales.

Esto quiere decir que hasta veintiún años después, pudo por fin trabajar el duelo que en su momento no había podido gestionar correctamente y empezar a relacionarse con los demás de una forma más sana y consciente.

– “Xiomara” se separó después de 12 años de relación. A pesar de que pensaba que era un episodio superado, durante el proceso de terapia se dio cuenta de que aún quedaban temas pendientes de cerrar con su ex pareja y que éstos habían afectado a todas sus relaciones posteriores.

Al trabajarlo, finalmente pudo soltar esa relación de una vez por todas e iniciar etapa nueva.

Los ejemplos anteriores nos dicen que el paso del tiempo, por sí solo, no suficiente. La verdad es que los ciclos que quedan abiertos influyen enormemente en nuestro presente sin que seamos conscientes de ello.

El tiempo no cura. El tiempo anestesia, adormece, aleja, diluye, minimiza, ayuda a olvidar… y todo ello crea la falsa percepción de que lo que nos dolía se ha resuelto o ha desaparecido. Nada más alejado que la verdad.

La nostalgia nos hace débiles.

Una mención aparte merece otra actitud que nos ancla al pasado: la nostalgia.

La nostalgia, al igual que el tema que nos ocupa hoy, tiene que ver con un apego al pasado (en este caso voluntario) y con la imposibilidad de soltar todas esas experiencias vividas para así poder entregarnos completamente a nuestro presente.

En terapia Gestalt trabajamos sobre lo que le sucede a la persona en el presente. Muchas veces, no obstante, las dificultades que se ponen muestran en el ahora tienen su origen en el pasado, por lo que se hace necesario revisar qué es lo que quedó pendiente de cerrar y hemos integrado sin saberlo a nuestra “costalito personal”. Este apego involuntario al pasado nos debilita y condiciona en nuestro presente.

Lo que sana no es el paso del tiempo, sino el trabajo consciente de las emociones y experiencias dolorosas. No nos cura el tiempo, nos curamos nosotros mismos cuando nos hacemos responsables de nuestro propio crecimiento dándonos la oportunidad de revisar y sanar aquello que quedó abierto.

En un proceso terapéutico, podremos por fin expresar lo que en aquel momento no pudimos expresar, tomar conciencia de aquello que en su momento no pudimos darnos cuenta, podremos decir, atravesar y revisar las emociones que en su momento no pudimos trabajar y que continúan a la espera de ser atendidas.

En esta tarea, los terapeutas recibimos y acompañamos a las personas, ofreciendo recursos y estrategias que garantizan un trabajo efectivo y profundo.

El tiempo como un aliado terapéutico.

“El tiempo se convierte en un aliado curativo sólo si tenemos la valentía de comprometernos en nuestro bienestar e ir al encuentro de aquello que necesitamos revisar”

Algunos signos de que tenemos temas pendientes de cerrar pueden ser:

  • Recordar voluntaria o involuntariamente de forma frecuente personas, sucesos o emociones relacionadas con el pasado.
  • Mantener conversaciones mentales o imaginarias en las que expresamos algo que creemos que “tendríamos que haber dicho” a alguien.
  • Cuando una situación actual nos recuerda a una del pasado impidiéndonos estar presentes en ella o vivirla de manera natural.
  • Actuar por miedo a que se repitan sucesos vividos (por ejemplo, miedo a entregarse a una relación amorosa por haber sufrido desengaños).
  • Cuando lo que le sucede a una persona de nuestro entorno nos recuerda algo que vivimos, haciendo que nos impliquemos en exceso y nos cueste separar su vivencia de la nuestra (por ejemplo, asistir al funeral de la madre de un amigo y llorar la muerte de nuestra propia madre).
  • Cuando sentimos que algún suceso “nos ha marcado” o “pesa mucho” en nuestras vidas.

Si te identificas en alguno de estos puntos, te recomiendo buscar ayuda terapéutica para poder reelaborar y cerrar todos esos asuntos que hayan podido quedar pendientes, aligerar tu “costal” e iniciar una etapa nueva sin arrastrar peso de tu pasado.

El tiempo se convierte en un aliado curativo sólo si tenemos la valentía de comprometernos en nuestro bienestar e ir al encuentro de aquello que necesitamos revisar para, por fin, poder dejarlo atrás y convertirlo en un valioso aprendizaje.

Para ello es necesario recuperar nuestra responsabilidad en lo que sentimos e implicarnos en un proceso que nos lleve a vivir con mayor consciencia y plenitud nuestro presente.

¿Necesitas ayuda en este sentido?

Si crees que necesitas ayuda en este sentido puedes enviarme un mensaje de Whatsapp al número 6671313403.

Te dejo un abrazo.

Juan José Díaz

Psicólogo, psicoterapeuta y terapeuta en hipnosis clínica.

Facebook: https://www.facebook.com/sensumpsicologiaycrecimiento/

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