La historia de los “Cañeros” del Mazatlán FC llega a su fin este martes en la Liga MX, cerrando un ciclo de seis años que comenzó con un polémico movimiento empresarial -la mudanza del Monarcas Morelia- y termina con un sabor agridulce, para ceder su lugar a los Potros del Atlante, marcando así al regreso de un histórico de la Primera División y la transformación (o descenso administrativo) del proyecto sinaloense.
La afición del puerto despedirá al equipo, algunos con rencor y otros impregnados de impotencia, en un adiós que se escribirá sobre la cancha jugando contra el Toluca, el actual bicampeón y fuerte candidato a ese título al que Mazatlán nunca tuvo ni la más mínima oportunidad de alcanzar en su breve estancia de seis años. En unas horas lanzará su último cañonazo.
Y aunque salieron voces posteriores a su venta de que la plaza no se quedaría sin futbol, como tampoco su estadio se convertiría en un elefante blanco como el de Culiacán donde una vez existieron los Dorados, la ciudad no tiene garantizada la presencia de una franquicia en la Liga de Expansión que seguramente no cerrará las heridas que dejan con su partida.
Si evaluamos el paso del equipo por la Liga MX, la balanza se inclina pesadamente hacia el lado negativo. Los “Cañoneros” nacieron bajo el lema “Arrebatando”, pero deportivamente fue poco lo que logró capturar. La afición de Morelia los criticó duramente, no solo al conjunto sino a sus directivos encabezados por Salinas Pliego, el hombre que ahora hace un sustancioso negocio etiquetando en 65 millones de dólares aproximadamente esa venta.
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En el tiempo que la organización permaneció en el puerto, fue un asistente frecuente en la parte baja de la tabla. Su promedio de victorias nunca logró consolidarlo como un equipo de liguilla y su porcentaje de efectividad histórica apenas ronda el 30 por ciento.
Eso sí, el equipo llegó a suelo sinaloense para convertirse en un cliente frecuente y hasta VIP del fantasma de las multas por no descender, un cobro que hasta la fecha continúa “haciéndose” en lo oscurito y cuyo sistema nación de manera exclusiva para proteger intereses de inversionistas y cerrarle el paso a los del circuito de expansión.
Se dice que la gota que derramó el vaso fue, además de los “pagos millonarios” por su continua posición en el cociente, haber desgastado la paciencia de la directiva y los inversionistas encabezados por el Grupo Salinas.
Sin embargo, habrá que reconocer que al equipo le faltó identidad. Nunca hubo una comunión completa entre afición y equipo en una plaza beisbolera. A diferencia de Morelia, cuya franquicia tenía décadas de arraigo, Mazatlán luchó por construir una base de aficionados sólida, y aunque el estadio es uno de los más modernos del país, el conjunto fue visto por muchos sectores como un “experimento” que nunca terminó de cuajar. Su mayor logro fue alcanzar el repechaje en el Clausura 2022. Allí fueron eliminados por el Puebla y fue lo más cercano a una liguilla.
También su balompié femenil resultó un proyecto de fracasos. Con el cambio de franquicia, muchas jugadoras han quedado libres tras un torneo clausura 2026 para el olvido, donde terminaron en el fondo de la tabla con apenas dos puntos.
Su salida representa el triunfo de la tradición sobre la mercadotecnia. El regreso del Atlante, un equipo con más de 100 años de historia y una de las aficiones más fieles de la ciudad de México, es visto por muchos como un acto de “justicia deportiva”, tras haber sido bloqueado el ascenso por años.