El debut de México en la Copa Mundial de Futbol ha roto con una de las maldiciones más arraigadas de nuestra historia balompédica. Por primera vez, el tricolor arranca un Mundial sumando de a tres en el partido inaugural.
El 2-0 frente a Sudáfrica no es solo un bálsamo numérico para el grupo, sino un hito estadístico que, en teoría, debería tenernos celebrando en el Ángel de la Independencia hasta el amanecer. Sin embargo, el partido dejó más lecturas en la libreta de las que el marcador final sugiere, tanto dentro como fuera de la cancha.
En lo estrictamente deportivo, el encuentro fue un guion caótico digno de Hollywood. México saboreó la gloria, pero también coqueteó con el drama. El rival facilitó el trámite al quedarse con nueve hombres en el terreno de juego, una ventaja numérica que en cualquier otro escenario habría significado un festín de goles.
Pero como ya es costumbre con el cuadro nacional, el sufrimiento es un requisito no negociable: la expulsión de César Montes volvió a sembrar los fantasmas del “ya meritito” y nos recordó que la disciplina sigue siendo nuestra eterna asignatura pendiente.
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Al final, se ganó, que es lo único que cuenta en las páginas de la FIFA, pero el funcionamiento deja más dudas que certezas de cara a lo que viene, sobre todo en un segundo tiempo en el que le cambió la cara al equipo y no supo aprovechar mejor esa superioridad numérica hasta antes de que Montes viera la roja.
Sudáfrica fue un rival aparentemente difícil en los primeros 45 minutos, con todo y que, por un error de su defensa, se vio en desventaja en el amanecer el encuentro (minuto nueve), una falla que aprovechó el naturalizado Julián Quiñonez para marcar el primer gol del Mundial.
La expulsión del primer sudafricano se registró apenas comenzaba el segundo tiempo, y se suponía que eso inclinaría la balanza a favor del cuadro azteca para irse con todo y cincelar un marcador más abultado. Pero no fue así. El 2-0 llegó en un momento importante no solo para elevar la ventaja, sino para el propio autor de esa anotación, Raúl Jiménez, quien consiguió su primer gol con México en una Copa del Mundo.
La selección hizo válido su condición de favorito en este encuentro, porque el rival finalmente concedió algunas ventajas. Pero lo que viene, digamos, serán dos batallas de vida o muerte contra Corea y Checoslovaquia. Este primer examen se aprobó con todos los pro y contras.
Respecto a las manifestaciones y disturbios que muchos esperaban que podrían registrarse, al menos no salieron a escena, y eso es buen para el espectáculo y la cara que debe ofrecer México y el comportamiento de su gente ante el mundo. Ojalá que el orden mostrado en las calles dure más que el orden táctico, y que este torneo nos regale, además de buen futbol, unos días más de esa paz que tanta falta nos hace.