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El territorio mochiteco como exploración artística

Esta es la segunda entrega de un recorrido por Los Mochis para explorar qué está ocurriendo en las artes plásticas del norte de Sinaloa. La columna...

Alejandra Larrondo López
| Internet

Esta es la segunda entrega de un recorrido por Los Mochis para explorar qué está ocurriendo en las artes plásticas del norte de Sinaloa. La columna anterior estuvo dedicada a la obra de Efraín Meléndrez porque sentí que era el punto de partida para hablar de un tema que atraviesa también este texto: el territorio.

Reflexiones sobre la superficie, exposición de Hugo Lugo

Hugo Lugo — Reflexiones sobre la superficie, 2026. Vista de sala | Fotografía: Alejandra Larrondo López.

El pretexto perfecto lo ofreció Reflexiones sobre la superficie, exposición del artista originario de El Fuerte, Hugo Lugo, presentada hasta finales de junio en el Centro de Innovación y Educación (CIE). Se trata de uno de los espacios culturales cuya labor merece reconocerse, pues dedica buena parte de su programación a exhibir tanto a artistas emergentes y contemporáneos como importantes colecciones, entre ellas las del Museo Soumaya.

La calidad técnica de la obra de Hugo Lugo es impecable. Desde la delicadeza del dibujo y el dominio del formato —ya sea sobre papel o lienzo— hasta la construcción conceptual de cada pieza, todo parece conducir a una misma pregunta: ¿qué entendemos realmente por superficie?

En la obra de Hugo, la superficie deja de ser un límite físico para convertirse en una noción expandida donde convergen espacio, territorio, memoria y tiempo. La clave de lectura aparece discretamente en un elemento recurrente: el libro rojo que sostiene el personaje —un autorretrato del propio artista— en distintas pinturas. Se trata de Un experimento con el tiempo (1927), del ingeniero aeronáutico británico J. W. Dunne, ensayo en el que plantea que pasado, presente y futuro coexisten simultáneamente, aunque la conciencia humana los perciba de manera lineal.

No es una referencia gratuita. Esa idea parece permear toda la exposición. Cada paisaje, cada figura y cada horizonte funcionan como superficies donde distintas temporalidades se superponen. El territorio deja entonces de ser únicamente geográfico para convertirse en un espacio mental y cósmico.

Resulta particularmente sugerente el tríptico Boceto para interpretar un poema I, II, III, donde parece establecerse un diálogo entre el ser humano —atravesado por una visión occidental del mundo— y la naturaleza en su estado más primitivo. La presencia del zorro y del ciervo puede leerse como un juego de arquetipos que confronta nuestra condición humana con aquello que permanece salvaje. Más que una oposición, pienso que la obra propone una relación de interdependencia: ambos mundos parecen recordarnos que coexistimos dentro de un mismo territorio, una misma superficie.

Lo interesante es que la pintura, uno de los lenguajes más antiguos de la historia del arte, demuestra aquí una enorme capacidad para abordar preocupaciones profundamente contemporáneas. Hugo Lugo rompe con la idea de que pintar es únicamente preservar una tradición; por el contrario, convierte el lienzo en un dispositivo para pensar conceptos tan complejos como el tiempo, el territorio, la percepción y el universo.

Filos Suaves, exposición de Manzane

Manzane — Filos suaves, 2026. Vista de sala. | Fotografía: Alejandra Larrondo López.

En una afortunada coincidencia curatorial, en la sala contigua se encontraba Filos suaves, de la artista mochitense Manzane, quien a través del arte textil propone una experiencia sensorial donde patrones, fibras, texturas y volúmenes abandonan el plano bidimensional para ocupar el espacio.

Resulta estimulante observar que dos artistas del norte de Sinaloa, desde lenguajes tan distintos como la pintura y el arte textil, convergen en inquietudes similares. Ambos cuestionan, desde su práctica, cómo habitamos el espacio, cómo nos relacionamos con él y de qué manera construimos nuestra experiencia del mundo a partir de la ocupación.

Algo interesante está ocurriendo en Los Mochis. Es grato constatar que existen espacios culturales que continúan apostando por exhibir obra producida en el presente e incitar a la reflexión a partir del arte.

Quiero pensar que esa es, precisamente, una de las funciones del arte: recordarnos que la superficie nunca es solamente superficie. En ella pueden habitar la memoria, el tiempo, el territorio y un sinfín de posibilidades.

Pienso y siento a través del arte.

Alejandra Larrondo López,

Culiacán Sinaloa, a 14 de julio 2026.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Alejandra Larrondo López

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Columnista

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