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El templo de la biología

El Comité Olímpico Internacional 8COI) anunció esta semana restringir las categorías femeninas exclusivamente a mujeres biológicas, marcando un experimento de “inclusión abierta” que, aunque bien intencionado...

Foto: Línea Directa. | Luis Alfonso Félix.

El Comité Olímpico Internacional 8COI) anunció esta semana restringir las categorías femeninas exclusivamente a mujeres biológicas, marcando un experimento de “inclusión abierta” que, aunque bien intencionado en su origen, terminó por colisionar de manera frontal con la realidad fisiológica.

Luego del estruendo mediático y la controversia boxística de la última olimpiada con el caso de la argelina Imane Khelif, el Comité parece haber recordado su principio fundacional: el deporte de élite no se basa en la identidad, sino en la capacidad física.

Recordemos que Khelif ganó la medalla de Oro en Paris 2024 en la categoría de peso welter femenino, y posteriormente fue objeto de controversia debido a su descalificación de un torneo anterior por parte de la AIB (Asociación Internacional de Boxeo), por sus altos niveles de testosterona.

Ese hecho no fue un incidente aislado, sino el síntoma de una política que priorizó la narrativa social sobre la seguridad y la justicia deportiva. Cuando la fuerza de impacto y la densidad ósea –desarrollada a través de una pubertad masculina- se enfrentan a la fisiología femenina, el resultado no es una competencia, es un riesgo.

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Y aquí la ciencia es clara: la ventaja biológica no se disuelve por completo con tratamientos hormonales; la estructura esquelética y la memoria muscular permanecen.

A menudo se confunde la exclusión deportiva con la discriminación social. Sin embargo, el deporte se basa precisamente en categorías segregadas para permitir que el mérito brille: Dividiendo por edad para proteger a los jóvenes, dividir por peso en deporte de combate para evitar carnicerías, y dividir por sexo para que las mujeres puedan alcanzar el podio en una escala de igualdad de condiciones. Digamos que es justicia contra inclusión.

Romper la categpría femenina en nombre de la inclusión es, irónicamente, excluir a las mujeres de su propio espacio de excelencia. Si cualquier persona con una ventaja biológica masculina puede competir en la rama femenina, el “techo de cristal” deportivo para las mujeres biológicas se vuelve de acero.

Esta decisión del COI no debe interpretarse como un acto de odio, sino como un acto de preservación. El respeto a la identidad de género es un derecho humano fundamental en la vida civil, pero en el estadio, los cronómetros y los vatios de fuerza no entienden de sentimientos, solo de biología.

El desafío ahora no es solo cerrar una puerta, sino quizás abrir otras –como categorías abiertas o neutras- donde todos puedan competir sin comprometer la integridad de la categoría que permitió a la mujer conquistar su lugar en la historia del deporte. Al final del día, la equidad no consiste en tratar a todos por igual, sino en reconocer las diferencias que hacen que la competencia sea justa.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Luis Alfonso Félix

Luis Alfonso Félix

Columnista

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