El tema es el muro fronterizo

El presidente Andrés Manuel López Obrador llegará este martes por la noche a Estados Unidos en un momento en el que prácticamente a nadie le interesa la reunión que sostendrá el miércoles con Donald Trump sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC); no le interesa ni al tercer involucrado, el presidente de Canadá, Justin Trudeau, quien definitivamente confirmó que no irá, ni le interesa tampoco a la opinión pública norteamericana.

            El T-MEC (o USMCA por sus siglas en inglés, United States-Mexico-Canada Agreement —o CUSMA para los canadienses al poner primero a Canadá―), no es el tema que ocupa hoy a los estadounidenses ni al propio presidente Donald Trump. Estados Unidos está en llamas por el fuego interior del racismo y la desigualdad social que lo ha consumido desde la guerra de secesión, y que sigue marcando hasta ahora su agenda pública de forma dramática, a sangre y fuego.

            Trump y los estadounidenses no hablan hoy del USMCA; están hablando de la bandera confederada (la que enarbolaron en 1861 los estados sureños esclavistas durante la guerra civil de secesión), están ocupados en derribar las estatuas de los generales confederados y hasta de su primer presidente y padre fundador George Washington (granjero de Virginia dueño de cientos de esclavos negros), están protestando por la violencia racial y enfrentándose a la policía en casi todo el país, y acaban de vivir este fin de semana feriado por el Día de la Independencia con tiroteos en las principales ciudades que dejaron al menos 30 muertos, casi todos afroamericanos y seis de ellos apenas unos niños. Y todo ello, en medio del liderazgo mundial en coronavirus con más de 130 mil muertes.

            Donald Trump alimenta esa hoguera en Twitter y denosta a quienes luchan en contra del racismo. Este lunes criticó al serial de automovilismo más popular de Estados Unidos, la NASCAR (National Association for Stock Car Auto Racing) por haber prohibido en sus carreras el uso de la bandera confederada (recordemos que la portaba en el techo el legendario auto naranja General Lee, de los Dukes de Hazzard) y arremetió contra el único piloto negro del serial, Bubba Wallace.

            También este lunes, desde el mediodía y hasta la noche, publicó tres tuits con fotografías sobre el avance en la construcción del muro fronterizo, aludiendo al riesgo que para él representa México y criticando a los demócratas por oponerse a su construcción. «El muro avanza rápido en Texas, Arizona, Nuevo México y California. Grandes números en la frontera sur. Los demócratas quieren que las personas simplemente pasen. ¡Ellos quieren fronteras abiertas muy peligrosas!», tuiteó anoche a las 20:00 horas. Es decir,  a un día de su reunión con López Obrador, no es el tratado comercial lo que interesa a Trump en su relación con México, es el muro fronterizo, la estelar promesa de su gobierno que ahora la reedita con más fuerza, ante la urgencia y el desespero de ver cómo se le va de las manos la presidencia.

            Su virtual oponente demócrata, Joe Biden, ya lo supera con 14 puntos de diferencia en las intenciones de voto de cara a la elección de noviembre próximo, según la última encuesta de junio de The New York Times. Por ello, la reunión de este miércoles con López Obrador es para Trump el uso urgente de la misma estrategia político electoral que ya le funcionó en 2016 cuando se reunió con el entonces presidente Enrique Peña Nieto. Es pura lógica: si ya te funcionó, vuélvela a usar. O como dicen los estadounidenses: Use in case of an emergency (usar en caso de emergencia).

            Eso lo sabe bien Andrés Manuel López Obrador, y no de ahorita que la prensa y muchos analistas advierten sobre el inminente uso político electoral que Trump le dará a este encuentro (por eso Trudeau no quiso ir); lo sabe desde enero de 2018 cuando declaró en un mitin de campaña en Veracruz que de llegar a la presidencia pondría en su lugar a Donald Trump. «Las amenazas de Trump de construir un muro fronterizo es parte de una propaganda para adelantarse a buscar su reelección en la presidencia de Estados Unidos», dijo proféticamente en aquella ocasión en 2018.

            Es momento, por tanto, de que López Obrador saque ganancia de ese encuentro comercial que no le interesa a nadie, ni al propio Trump. Y la forma de ganar es jugando en el mismo terreno de su vecino del norte: el del muro fronterizo. Eso es lo que más interesa. Es hora de que AMLO se ponga el traje oscuro de Benito Juárez y con firmeza de estadista le diga No al muro de Trump, con la misma entereza con la que Juárez le respondió al entonces presidente estadounidense Andrew Johnson que le pedía no fusilar a Maximiliano de Habsburgo tras el fallido imperio en México.

Devoto de Juárez, López Obrador podría repetir el miércoles la frase que de seguro sabe de memoria y que colocó a México en una posición mundial de dignidad: «Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz».

            Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda

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