El síndrome del padre ausente

Sabemos lo complicado que puede llegar a ser establecer el término “familia”.

Hablar de la familia hace que emerjan, en ocasiones, ciertas heridas, desilusiones y pequeños rencores. Podríamos decir sin temor a equivocarnos que una de los roles más complejos y que desgraciadamente se presenta con mayor frecuencia es el del “padre ausente”. Muy probablemente esta situación te sea conocida. Tal vez la hayas vivido en carne propia o probablemente la conozcas de tu círculo social más cercano.

El padre ausente no es sólo la ausencia física de una figura que no tuvimos, es también alguien que, aunque esté, no supo o no quiso ejercer su rol. Es faltante psicológico que puede provocar en el niño heridas emocionales.

En ocasiones, cuando le pedimos a alguien que nos hable de su familia, no tardan en contarnos historias de sus madres, abuelos, tíos, sin embargo, en el momento de hablar del padre llega el silencio y tal vez solo digna: “Pues no sé, mi padre era… era simplemente él. Estaba ahí, sin más”.

Esto no quiere decir que este tipo de faltante emocional sea una característica exclusiva de la figura paterna, también puede darse ante la ausencia de la madre, sin embargo, se da con más frecuencia que, a la hora de hablar de ese tipo de educación dañina, capaz de dejar huellas emocionales, la figura del padre ausente sea la más común. Te invito a analizar un poco más.

El padre ausente emocionalmente, pero presente en la familia

Crecer sin padre, sin madre o sin una figura relevante en nuestra infancia debido a un hecho traumático, es algo que siempre arrastraremos, y que deja cicatrices internas que intentamos sobrellevar.

Sin embargo, el hecho de crecer junto a una figura paterna que, a pesar de estar, es incapaz de aportar plenitud, cariño o reconocimiento, deja corrientes de vacío en el corazón de un niño que está aprendiendo a construir su mundo.

Hay quien comenta que el peso de la crianza, del cuidado y la educación, recae en la figura materna. No vamos a negar lo importante a la hora de crear ese apego saludable con el cual, disponer de seguridad en cada uno de nuestros pasos. Ahora bien, también el padre es importante, y eso es algo que nadie puede negar; pero… ¿Qué ocurre cuando en la familia existe un padre ausente que no establece vínculo alguno con sus hijos?

El cerebro de un niño es un hambriento procesador de estímulos, y todos los dias, necesita ante todo refuerzos positivos para poder crecer de forma madura y segura. Un padre ausente genera incongruencias, vacíos y dificultad de trato. El niño espera afectos, comunicación, y una interacción diaria con la cual, abrirse al mundo también a través de su padre. Sin embargo, solo encuentra muros.

Un trato vacío y esquivo genera ansiedad en los niños, no saben “a qué atenerse”, crean expectativas que no se cumplen y tienden, además, a comparar a otros padres con los que ellos tienen en casa. Se dan cuenta que los padres de sus amigos actúan de modo diferente a lo suyos.

¿Cuáles son las consecuencias que genera la figura del padre ausente en la edad adulta?

La figura de un padre ausente provoca que en la etapa adulta se dé un desapego afectivo que nos hace ser más inseguros a la hora de establecer determinadas relaciones. Podemos llegar a ser algo desconfiados. La idea de proyectar una alta carga afectiva en alguien, nos produce miedo, tememos ser traicionados, o no reconocidos. O peor aún, ignorados.

A medida que nos hacemos mayores, es muy posible que nos demos cuenta de muchas más cosas. Reconocemos el esfuerzo que hizo nuestra madre por suplir las carencias de nuestro padre, y de cómo, más de una vez, lo disculpó con frases como: “Ya sabes cómo es tu padre”, “No hagas esas cosas que ya sabes que a tu padre no le van”, “Es que tú no lo entiendes…”

A medida que maduramos, nuestros ojos se abren al mundo y ya saben leer entre líneas. Los gigantes se vuelven enanos porque ya conocemos sus secretos. Sin embargo, una parte de nosotros sigue siendo vulnerable a ese pasado.

Cómo superar las heridas del padre ausente.

Has crecido, mantienes tu vida, llevas con orgullo tu armadura y tienes muy claro qué debes hacer a día de hoy para no cometer los mismos errores que tus padres cometieron contigo.

Sin embargo, el vacío del padre ausente sigue ahí, y no importa si en el presente sigues manteniendo trato con él, o si ya lo perdiste, o si callas en las reuniones familiares y finges como si el pasado nunca hubiera existido.

• Lo primero que deberíamos hacer es «entender». Comprende que el padre ausente es un hombre que no supo ejercer su rol de padre, porque nunca entendió muy bien su papel como persona.
• Es muy posible que un padre ausente no dispusiera de adecuadas habilidades personales, de una buena autoestima, de un equilibrio interno que le permitiera ver sus errores, sus miedos y sus propias carencias.

Ahora bien, ¿Justifica esto lo que nos hizo? ¿El vacío emocional que nos dejó? Para nada, pero la comprensión, en ocasiones, nos ayuda a ajustar la realidad, a evitar almacenar más emociones negativas.

Sabes que has crecido y madurado con muchos vacíos a causa de ese tipo de educación, y de esas carencias afectivas. Sin embargo, siempre llega un momento en que deberíamos cortar el vínculo con el sufrimiento de ayer, para sanar las heridas en este presente.

Si no tuviste a tu padre, lo más probable es que tu figura de apego más saludable y significativa fueran otros: tu madre, tus abuelos o incluso tus amigos o parejas a medida que crecías. Ellos quienes se alzaron como tus pilares en el día a día.

Un padre no es sólo el que da la vida, un padre es aquel que está presente, que acoge, atiende y guía en seguridad construyendo cada día un sendero de instantes significativos en la vida de un niño.

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Juan José Díaz
Psicólogo y psicoterapeuta

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