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El riesgo de la alianza

En 2010, al anunciarse la alianza entre el PAN y el PRD para la gubernatura, alcaldías y diputaciones locales de Sinaloa, dijimos que en primera instancia...

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En 2010, al anunciarse la alianza entre el PAN y el PRD para la gubernatura, alcaldías y diputaciones locales de Sinaloa, dijimos que en primera instancia podría ser electoralmente exitosa, pero era de muy alto riesgo para ambos partidos en el corto y mediano plazo.

En la elección de 2004 el PAN había logrado el 45.61 porciento de la votación total emitida para la gubernatura, con Heriberto Félix Guerra como su candidato, solo un punto porcentual abajo del PRI y su abanderado Jesús Aguilar Padilla.

Además, había ganado siete presidencias municipales y accedido a 15 curules en el Congreso del Estado, cinco por mayoría relativa y 10 por representación proporcional.

En la elección local de 2007 al PAN no le fue tan bien como tres años antes, pero fue competitivo. Ganó dos alcaldías, seis diputaciones locales por mayoría relativa y ocho por representación proporcional.

Al decidir ir en alianza con un candidato ajeno, militante del PRI y senador de la República por ese partido, como era Mario López Valdez, el PAN ganó la elección pero perdió el rumbo, arrastrando también al PRD, que había tenido participaciones modestas pero dignas en los procesos electorales anteriores.

Desde entonces, proceso tras proceso, local o federal, ha sido un fracaso tras otro para esos partidos, con una evidente pérdida de confianza e identidad de parte de la militancia.

En la elección más reciente, el PAN ganó solo una alcaldía, de las más pequeñas, no alcanzó ninguna diputación por mayoría relativa y solo le tocaron dos espacios en el Congreso local por representación proporcional.

El PRD accedió a solo una diputación por mayoría relativa, ninguna presidencia municipal, y el porcentaje de votos no le alcanzó para mantener el registro estatal.

De ese tamaño es el riesgo para el PRI, no por la alianza en sí misma con el PAN y el PRD en la elección de este 2021, sino por abrirle la puerta y convertir en candidatos a personajes que nada tienen que ver con ninguno de esos partidos.

El PAN y el PRD llegan a este acuerdo con los priistas sin recuperarse de los errores de hace una década. Y eso no es percepción. Lo dicen las estadísticas electorales y los múltiples escándalos y pleitos internos que han caracterizado a esos partidos durante los últimos años.

Ese mismo riesgo es el que corre el PRI, no por la determinación de ir en alianza, sino por la manera en que haga las designaciones de los candidatos que le correspondan, desde la gubernatura, las alcaldías y las diputaciones locales, si no hay con ello un mensaje de empatía con su militancia.

Fuente: Internet

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