El retorno a la “normalidad”

Es entendible la urgencia de los ciudadanos, empresas y gobierno para regresar a la “normalidad”, de cualquier forma que esta sea posible al menguar la pandemia, con la certeza única que jamás será igual a la que teníamos antes de la emergencia sanitaria.

Millones de mexicanos tienen necesidad de retorno a sus labores, porque si no trabajan no tienen ingresos para cubrir las necesidades más elementales de sus familias.

La razón de ser más básica de las empresas es la obtención de un valor agregado para distribuir entre sus miembros, desde utilidades para los dueños y salarios y prestaciones sus trabajadores. Si están paralizada no hay ganancias y tampoco puede sostener indefinidamente a sus empleados.

Si las empresas paran, no hay utilidades y dejan de pagar salarios, no se generan los recursos necesarios, vía impuestos, que el gobierno necesita para que todo el aparato burocrático y de servicios funcione.

Por todo eso, y por muchas otras cosas, será muy importante el anuncio que mañana haga el presidente Andrés Manuel López Obrador sobre su plan para el retorno a la “normalidad”.

Pero ante la gravedad de la circunstancia debe buscarse un justo punto de equilibrio entre la necesidad de reactivar la economía y la de cuidar la salud de los mexicanos.

Hay muchos malos empresarios a los que poco o nada les importa que los trabajadores se contagien, y también muchos ciudadanos desesperados a los que no les importaría contagiarse con el afán de llevar algo de comida a sus familias.

El asunto es que ya hay un daño fuerte a las diversas actividades económicas. Hay sectores determinantes para la economía de una región, como por ejemplo el turístico para Mazatlán, que están colapsados, con todas las implicaciones que ello trae.

La certeza para el retorno a esa “normalidad” es que regresaremos más pobres, de acuerdo a datos oficiales del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Eso no es bueno, pero no es lo peor que puede suceder. Lo primordial es poder estar.

Me recuerda la anécdota aquella de madre e hijo en el rancho cuando el joven salió vivo tras un serio accidente casero.

“Volviste a nacer, hijo”, le expresó la mamá. “Y pobre otra vez, madre”, le respondió éste.

Así nosotros.

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