El reto de Morena

Coincidentes en el tiempo dos procesos internos de Morena, uno formal como la elección de su nueva dirigencia nacional, y otro adelantado e intenso como el activismo de quienes aspiran a convertirse en candidatos a cargos de elección popular en 2021, el partido se encuentra inmerso en un serio problema que podría tener serias consecuencias electorales.

A esto se le debe sumar el natural desgaste que tiene un partido en el poder consecuencia de las acciones, omisiones, desplantes, arrogancia o ambición de quienes son gobierno, en todos los niveles.

Difícil que desde el más alto mando del partido se puedan enviar mensajes claros a los militantes y aspirantes, pues allá libran sus propias batallas, desde acusaciones de corrupción de los líderes, hasta denuncias de inconstitucionalidad del mismo proceso de elección.

Otro agravante es la ausencia de dirigencias formales en los estados y municipios, lo que impide bajar instrucciones precisas por vías confiables.

Si a nivel nacional están todos contra todos, desde Alfonso Ramírez Cuéllar contra Yeidckol Polevnsky, o Gibrán Ramírez contra Mario Delgado, en Sinaloa Gerardo Vargas contra el senador Rubén Rocha en abierta lucha por la candidatura al gobierno de Sinaloa, sin mencionar a otros actores políticos de la llamada 4 T que se encuentran en permanente confrontación.

Es la clásica lucha de la rancia clase política por el poder y el dinero. No hay mucha diferencia. Eso no es cuestión de ideologías o colores partidistas.  

Los saldos de todo esto se verán en el 2021. Salir con los menores daños posibles de todo esto, es el reto del partido.

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