El Presidente está enojado

El fin de semana pasado el Presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo la peor gira de lo largo de sus 15 meses de gobierno y, paradójicamente, en su tierra, Tabasco, y particularmente en su natal Macuspana.

Un recorrido que bien pudo ser una especie de remanso en su agitada agenda, una necesaria recarga de pilas, se convirtió en una auténtica pesadilla mostrando los peor de AMLO, desnudando sus carencias, sus corajes, su desmedido ego.

Desde ahí mandó el peor mensaje que pueda enviar un jefe de Estado a sus gobernados: su facilidad para irritarse cuando las cosas no salen como él quiere, su incapacidad para moderar su molestia cuando la audiencia no le festeja alguna de sus arengas o abiertamente le refuta la veracidad de la información que les está entregando.

Eso fue lo que pasó en Tabasco. Regañó a los presentes por abuchear a los oradores que le antecedieron, arengó sobre sus acciones de gobierno que ya impactan la economía de millones de familia, pero iracundo reaccionó cuando un segmento de los presentes le respondió que cuando menos en uno de los rubros que estaba mencionando, el de las becas para estudiantes, la información no era correcta.

Estaba molesto el presidente: “A veces por la grilla, por la politiquería, parece como si no estuviésemos haciendo nada”, les reclamó.

Y es que ahí, en Macuspana, al preguntar si todos los estudiantes reciben la beca Benito Juárez, se escucharon gritos de algunos de los presentes que dijeron que no y entonces respondió: “Cómo que no. La mentira es del demonio, es reaccionaria y conservadora. La verdad es revolucionaria”. Y además, el tono colérico que le imprimió a sus palabras.

Su discurso más propio de un predicador fanatizado que de un jefe del Estado mexicano. Eso, de ninguna manera, es un buen mensaje.

Se requiere de un gobernante que dé prioridad a lo que López Obrador siempre ha pedido a quienes no están de acuerdo con él, a la serenidad.

Con el mal genio no se pueden tomar las mejores decisiones, y esas son las que los mexicanos necesitamos que se tomen en estos momentos tan complicados por los que atraviesa el país en rubros como la seguridad, la economía y la salud.

Preocupa la irritación de López Obrador. Que el Presidente esté enojado no es una buena noticia.

En 280 caracteres. Y se supone que al momento de sus desafortunados discursos AMLO desconocía encuestas que se harían públicas este lunes, en las que se coincide en una caída importante en los niveles de aprobación de su gobierno. De haberlo sabido su reacción seguramente hubiera sido más iracunda.

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