A los entrenadores deportivos que nos enseñan disciplina, valores y a elegir un camino lejos de las drogas.
En tiempos en que las noticias sobre adicciones y violencia parecen ocupar más espacio que las historias de superación, es justo voltear a ver a quienes, desde una cancha polvorienta o un gimnasio improvisado, están forjando mucho más que atletas: están formando personas.
Los entrenadores y promotores deportivos son, muchas veces, los primeros guías que un niño o un joven tiene fuera de casa. Con disciplina, paciencia y amor por el deporte, pueden encauzar vidas y alejarlas de los vicios.
Lo digo desde mi propia experiencia. Cuando era adolescente y jugaba futbol en un estadio de tierra, en la calle Cero de Juan José Ríos, hubo un hombre que marcó un rumbo distinto en mi vida: Domingo “Mingo” Cota Robles, incansable promotor deportivo en esa comunidad, hoy convertida en el municipio número 20 de Sinaloa.
“Mingo” fue clave para que me desarrollara sano, lejos de las drogas y de las malas compañías. No fue solo mi caso, también el de varias generaciones que integramos aquel equipo que portaba con orgullo el nombre del IMSS. Él nos enseñó que el respeto y la disciplina de entrenar cada semana podrían ser la base para cualquier sueño que quisiéramos perseguir.
El deporte como política de prevención
Por eso, creo que hoy es urgente recuperar las clases de educación física en las escuelas, no como una materia de relleno, sino como una verdadera herramienta de prevención y formación. Igual de importante es destinar más recursos —y digo más, mucho más recursos— a las ligas deportivas infantiles y juveniles. Ahí no solo se forjan futuros campeones, también se forman ciudadanos con hábitos sanos y valores sólidos.
Sinaloa tiene un terreno fértil de talento, lo mismo en beisbol, futbol, basquetbol o box. Pero ese talento no florece solo: requiere entrenadores comprometidos, infraestructura digna y programas que involucren a las familias.
Los padres tienen un papel fundamental. Cuando se involucran, cuando acompañan a sus hijos en el deporte, no solo los motivan, también fortalecen su autoestima y su sentido de pertenencia. Y eso, en un entorno con tantas tentaciones negativas, puede ser la diferencia entre perderse o encontrar un propósito.
Apoyar a los promotores deportivos, invertir en espacios adecuados y hacer del deporte un aliado permanente no es un lujo: es la mejor estrategia para prevenir las adicciones.
Yo lo comprobé en carne propia. Un entrenador puede enseñarte a dominar un balón, pero también a dominarte a ti mismo. Y eso, créame, puede cambiarle la vida a un joven.
“Mingo” sigue activo, impulsando torneos de futbol en Juan José Ríos. Una labor incansable que pocos reconocen, pero que ha dejado y sigue dejando huella en generaciones enteras.
Y como él, hay muchos entrenadores y promotores deportivos en Sinaloa que cada fin de semana dan la pelea, tratando de salvar a niños y jóvenes de las garras de las drogas. Lo único que piden son mejores instalaciones y más apoyos para organizar torneos.
También es justo reconocer a quienes, desde el sector privado o como ciudadanos solidarios, apoyan con recursos y patrocinios para que esas ligas y torneos se mantengan vivos. Porque sin ellos, muchas veces, el esfuerzo de los entrenadores quedaría en el aire.
Respaldar a unos y a otros es, quizá, la inversión más valiosa que una sociedad puede hacer por su futuro.