El poder de la turba

México está así, así de cerquita, de irse al carajo.

Este jueves la Suprema Corte de Justicia de la Nación deberá aprobar o rechazar si procede la consulta popular para enjuiciar a cinco expresidentes del país, a solicitud de Andrés Manuel López Obrador, y con ello determinar si México sigue siendo una democracia o si se degenera hacia su forma impura, que es la oclocracia (el poder de la turba).

Creo que muchísimos hemos visto y repasado desde la preparatoria las seis formas clásicas de gobierno de Aristóteles: la monarquía que degenera en tiranía; la aristocracia que degenera en oligarquía; y la democracia que degenera en demagogia; posteriormente a Aristóteles, Polibio nombró a esta última como oclocracia, la forma impura del gobierno de la muchedumbre, que toma decisiones sobre política de manera irreflexiva, exacerbada y manipulable por las élites.

Hacia allá vamos si prospera esta iniciativa de López Obrador, que ya el ministro ponente Luis María Aguilar calificó como un concierto de inconstitucionalidades.

¿Por qué digo que estamos a punto de irnos al carajo, así, así de poquito nos falta? Porque si el jueves la Corte llega a calificar como constitucional la consulta solicitada por el presidente, aun cuando el dictamen de Aguilar va en contra, se sentará el ominoso precedente o se marcará el camino a seguir de aquí en adelante, de que  ya no importarán las leyes en el país, sino la voluntad unipersonal del presidente, que justificará y legitimará sus decisiones con el poder de la turba, con el frenesí de la irracionalidad de las masas.

Eso sería la muerte del Estado de Derecho y el nacimiento de la oclocracia en México, esa corrupción de la democracia que no es nueva y que la han advertido desde la Grecia antigua Platón, Aristóteles, Polibio, y desde los dos últimos siglos pensadores como Alexis de Tocqueville, Tomas Hobbes, Jean-Jacques Rousseau, Norberto Bobbio y Giovanni Sartori, por citar a algunos.

La democracia sólo es posible en un Estado de Derecho, y al no respetarse la Constitución y las leyes entonces la democracia cede su lugar a la demagogia de los gobernantes (como decía Aristóteles) o a la oclocracia de esas élites mandantes (según Polibio). Así, ya no es la norma jurídica la que prevalece por encima de todo, sino la interpretación intencionada que los gobernantes dan de la norma para legitimar sus acciones.

 (El problema de esa consulta —se ha dicho hasta la saciedad, por eso no lo retomo―, es que para proceder contra los expresidentes y sancionar los actos de corrupción que hayan cometido, el gobierno sólo tiene que interponer las denuncias ante la Fiscalía, no someter a votación del pueblo si lo hace o no lo hace, porque eso es como poner a votación si la ley debe cumplirse o no, lo que es un disparate.)

¿Ahora, qué peligro hay con la oclocracia, por qué hemos de tenerlo miedo, si de cualquier manera es la voz del pueblo, es la participación de la gente en la toma de decisiones de sus gobernantes, aunque sean decisiones tomadas de antemano por quienes gobiernan y que sólo buscan legitimarlas?

Bueno, es que en esas «democracias» es donde surgen los tiranos. De gobiernos democráticos donde la gente los elige y los sigue respaldando, han surgido gobernantes como Adolfo Hitler, Joseph Stalin, Benito Mussolini, Francisco Franco, Hugo Chávez, Nicolás Maduro…

México sabrá si se suma o no a esa lista.

Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda

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