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El mes donde la realidad no cabe en el discurso

​En Sinaloa el tiempo ya no se mide en días o semanas; se mide en carpetas de investigación que no llegan a nada y en casquillos...

Juan Ordorica
Juan Ordorica | Analista y columnista Línea Directa

​En Sinaloa el tiempo ya no se mide en días o semanas; se mide en carpetas de investigación que no llegan a nada y en casquillos que alfombran nuestras calles. Lo que ha pasado en nuestra entidad en menos de treinta días no es una “racha” ni un “ajuste”; es el colapso absoluto de un discurso oficial que ya no aguanta una mentira más, por más que intenten adornarla.

​Hace apenas unas semanas, la capital se sacudió con el atentado contra los diputados Sergio Torres y Elizabeth Montoya. Si a plena luz del día y contra figuras del Poder Legislativo se atreven a soltar el gatillo, ¿qué nos queda al resto? Pero no se preocupe, que la respuesta oficial llegó más rápido que la ambulancia: “Estamos trabajando”. Es el mantra de un gobierno que parece vivir en una realidad paralela donde la investidura política todavía significa algo frente al plomo.

​Pero el horror no tiene límites geográficos. Lo que ocurrió en Escuinapa ya escala a niveles que ni en las peores épocas nos imaginamos: bombardeos con drones. Sí, leyó bien. Explosivos cayendo del cielo sobre comunidades que hoy viven bajo el terror de una guerra aérea. ¿Y qué dice la autoridad ante el uso de tecnología de guerra en nuestro patio trasero? Silencio o evasivas. Mientras los habitantes del sur corren a esconderse de las nubes, el gobierno sigue revisando si “tiene información”

​Lo más indignante, sin embargo, es la creatividad para el pretexto. Cuando la sangre les llega a los zapatos, la autoridad saca su baraja de excusas favoritas. Si levantan turistas en Mazatlán o Ahome, nos dicen que “fueron confundidos”. Como si el error de un criminal fuera una disculpa válida para el terror de una familia. Pero han llegado al extremo de lo absurdo: ahora resulta que si la violencia arrecia es por factores externos, o incluso se atreven a hablar de la “sequía” y problemas climáticos como si eso explicara por qué el estado está en llamas. Es el colmo del cinismo: culpar al cielo por la falta de agua, mientras en la tierra nos ahogamos en una inundación de violencia que no saben frenar.

​En la sierra de Concordia, el panorama es desolador. El sueño de los mineros terminó en la oscuridad de las fosas clandestinas. Diez desaparecidos y el hallazgo de cuerpos que confirman que la periferia de Sinaloa es tierra de nadie. Mientras las familias lloran en la montaña, en los despachos del tercer piso nos dicen que “son hechos focalizados”. Qué fácil es decir “focalizado” cuando no es tu sangre la que se queda en la fosa.

​A esta vorágine sume usted el incremento de feminicidios. Mujeres asesinadas en un goteo constante ante una autoridad que parece tener una “sequía” pero de ideas y de justicia.

​Mire, no se equivoque. Todo esto ocurrió en menos de un mes. Bombas desde el aire, diputados baleados, mineros en fosas y turistas secuestrados. No estamos hablando de un recuento anual, sino del reporte de cuatro semanas de terror frente a cuatro semanas de pretextos mediocres.

Un joven que  iba comprar leche para sus gatitos recién nacidos. Un muchacho que, según su familia, amigos y maestros era un deportista ejemplar fue acribillado; nunca sabremos los verdaderos motivos, pero cómo sociedad nos sumamos a revictimizar a las personas y rápidamente  caímos en el juego de la autoridad al suponer algún nexo con el crimen o simplemente aceptar que es un muerto más que cae en medio de la confusión. La sociedad no se paralizo por ese crimen; al contrario, lo normalizo y la vida se mantuvo sin moverse un milímetro

​Realmente ofende es la incapacidad de quienes cobran por cuidarnos y toman las decisiones de las estrategias de seguridad. Los gobiernos de todos los niveles se han convertido en expertos en desviar la mirada: si no es la “confusión” del sicario, es la “sequía” del presupuesto o del clima. El problema es que, mientras ellos buscan el siguiente pretexto en el diccionario, los sinaloenses seguimos poniendo los muertos. Desde luego que en esta crítica no tienen cabida los miles de elementos de las fuerzas federales y locales que todos los días salen a tratar de cuidar a los sinaloenses con los pocos apoyos institucionales que tienen de los políticos.

Por otro lado, las propias autoridades, en su intento de convencernos que todo está mejorando usan estadísticas marginales para tratar de vendernos supuestos éxitos. Es criminal tratar de presumir una reducción en la percepción de violencia diciendo que en Culiacán las cosas van mejor. Presumen que pasamos de una percepción de inseguridad del 88.4% al 88.2%. Para ellos un misero 0.2% es suficiente para demostrar que sus decisiones con las correctas.

​Al final, queda claro que en Sinaloa estamos solos. Mirando al cielo por los drones y al suelo por las fosas, mientras esperamos a ver con qué nuevo pretexto nos salen mañana para no aceptar que la realidad ya los devoró.

¿Usted qué opina, amable lector? ¿Estuvo cómodo este mes?

Fuente: Internet

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