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El eventual fracaso de Topolobampo; sería otro fracaso más

En el puerto de Topolobampo  ahora están en riesgo dos proyectos realmente estratégicos que podrían relanzar el desarrollo económico de Sinaloa. Las movilizaciones y protestas de...

Línea Directa. | Columnista Héctor Avilés Ochoa.

En el puerto de Topolobampo  ahora están en riesgo dos proyectos realmente estratégicos que podrían relanzar el desarrollo económico de Sinaloa. Las movilizaciones y protestas de algunos grupos ambientalistas y representantes de tres comunidades indígenas amenazan con frenarlos y, tal vez, cancelarlos de manera definitiva.

Desde el año 2014, ahí inició la construcción de la planta de fertilizantes GPO, la cual, en su momento  se dijo sería la más grande de toda América Latina; y nos permitiría ser autosuficientes como país, dado que importamos el 75 por ciento de este insumo agrícola.

Sin embargo, este megaproyecto industrial no ha avanzado y lleva más de una década envuelto en constantes cuestionamientos ambientales, jurídicos y comunitarios. Se promovieron amparos en su contra y, en abril de 2022, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió que la Semarnat realizara una consulta entre las comunidades indígenas Mayo-Yoreme. Dicho proceso se realizó y de acuerdo a la información oficial participaron más de 2 mil 400 personas, de 15 pueblos originarios identificados por el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas. En estas auscultaciones públicas, 11 comunidades manifestaron su consentimiento.

En Topolobampo, a los problemas de esta planta de fertilizantes ahora se suman las dificultades del proyecto MEXINOL, que pretende construir la planta de hidrógeno verde más grande del mundo. Con esta nueva empresa productora de energía limpia se generarían 6 mil empleos formales para las nuevas generaciones; y se invertirían 5 mil millones de dólares, una de las inversiones extranjeras más grandes en la historia económica de Sinaloa.

Pero de nuevo, la historia local se repite:

El pasado 23 de abril, el evento para la instalación de la primera piedra de la planta de Mexinol se canceló ante las protestas de manifestantes del colectivo Aquí No. Los argumentos son los mismos. Los grupos opositores afirman que este proyecto de alcance global provocaría un fuerte daño ambiental en la Bahía de Topolobampo y afectaría las actividades pesquera y turística.

Sigue las columnas de Héctor Avilés Ochoa en la sección especial de Línea Directa

Sinaloa corre el riesgo de perder dos proyectos industriales de enorme valor estratégico. Las posibilidades de Topolobampo para despegar como un nuevo polo de desarrollo económico se afectarían significativamente.

El rechazo minoritario de tres comunidades, asentadas en la bahía de Topolobampo, se impondría sobre el objetivo superior de construir nuevos caminos para el desarrollo de Sinaloa.

Se cuestiona sobre los posibles riesgos ambientales que traerían consigo estos proyectos pero se olvida que, desde hace varias décadas, en Topolobampo opera una  importante terminal de abastecimiento y reparto de Pemex y centrales de ciclo combinado de la CFE. Por supuesto, esta infraestructura implica riesgos pero a la fecha nunca se han presentado graves accidentes.

En México hay una nueva cultura política que, al luchar por los derechos y la afirmación de la identidad  histórica de las comunidades indígenas, les concede una suerte de superioridad moral. Para bien o para mal, al romantizar a los pueblos originarios se les ha concedido la facultad de aprobar o vetar proyectos de inversión productiva, que posibilitarían generar mejores oportunidades de prosperidad.

De cancelarse estos proyectos empresariales, en el caso de Topolobampo quedaría de manifiesto que los derechos de las tres comunidades indígenas que los rechazan, estarían moral y políticamente por encima de las aspiraciones de decenas de miles de jóvenes sinaloenses, que hoy se forman en las universidades e institutos tecnológicos.

Definitivamente, truncar las posibilidades de crecimiento de Topolobampo significaría un fuerte golpe para el presente y futuro de toda la región norte del estado. Aplanaría las posibilidades reales de desarrollo de una ciudad como Los Mochis, donde viven y trabajan 350 mil sinaloenses.

Nos encontramos ante un serio dilema, donde Topolobampo podría fracasar como un  nuevo polo de desarrollo nacional e internacional.

Ante esta oportunidad que puede perderse, la pregunta de fondo sería cuánto más tiempo se requerirá para que podamos avanzar, con éxito, en la inaplazable tarea de diversificar y transformar la estructura productiva de la economía sinaloense.

Hasta ahora, la fuerte especialización de Sinaloa en actividades primarias nos ha impedido beneficiarnos de los profundos cambios estructurales que se han registrado en la economía mexicana y mundial.

El balance no es alentador:

Sinaloa no resultó un estado ganador con el TLC y tampoco lo ha sido ahora con el TMEC.

Durante los últimos 60 años, en Sinaloa se han impulsado múltiples proyectos para potenciar el crecimiento pero que no cristalizaron. Tenemos todo un cementerio de planes regionales, estatales y municipales de desarrollo que nunca lograron concretarse.

Aún con estas experiencias, en Sinaloa no debemos resignarnos a ser una sociedad que avanza poco y de lento aprendizaje, que como lo afirma el Nobel de Economía, Joseph Stigltiz, resulta más propio de las economías primarias, no industrializadas.

Por el bien de todos, evitemos que Topolobampo sea otro fracaso más.

 

 

Fuente: Internet

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Héctor Avilés Ochoa

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