Más allá del resultado en el terreno de juego, la temporada de la Liga Mexicana del Pacífico que acaba de concluir dejó algo igual o incluso más valioso que un campeonato: una lección de convivencia.
La afición de los Tomateros de Culiacán estuvo ahí, firme, constante, llenando el estadio noche tras noche, demostrando que el beisbol en esta tierra sigue siendo un punto de encuentro, no de división.
Impresionó la presencia de la gente durante toda la temporada y, de manera especial, en los playoffs y la serie final. Familias completas, padres con niñas y niños, adultos mayores, jóvenes, todos compartiendo un mismo espacio público de entretenimiento familiar. Y no es un dato menor: no se registraron incidentes. En tiempos complejos marcados por la inseguridad y la tensión social, eso habla bien de la afición y de la ciudad.
El gran estadio de los Tomateros volvió a cumplir su función social. No solo fue beisbol; fue espectáculo, ambiente, orden y alegría. La directiva, una vez más, montó un evento a la altura, cuidando los detalles y apostándole a que el deporte sea una experiencia integral, donde se pueda ir en familia y regresar a casa con la sensación de haber disfrutado del juego y del ambiente.
En ese contexto, mención especial merece el presidente ejecutivo del club, Héctor Ley López, por los resultados visibles en la organización y montaje del gran espectáculo del beisbol. Temporada tras temporada, la experiencia mejora: organización, ambiente, producción y atención al aficionado. Hoy, el estadio de los Tomateros se consolida como el de mayor asistencia durante la temporada, reflejo de una directiva que entiende que el beisbol moderno no solo se juega en el diamante, también se construye en las gradas y en la experiencia familiar que se ofrece al público.
También hay que decirlo: los operativos de seguridad fueron clave. La presencia de fuerzas federales, Policía Estatal y Municipal permitió que todo fluyera con tranquilidad. Su labor, muchas veces poco valorada, resulta fundamental para que estos espacios sigan siendo seguros y confiables.
En lo deportivo, el equipo se quedó corto. No se logró el campeonato, mientras México se prepara para la Serie del Caribe con dos representantes: Charros de Jalisco como campeón y Tomateros de Culiacán como invitado. Aun así, se puede hablar de misión cumplida en términos generales, porque el beisbol no solo se mide en trofeos, sino también en lo que deja en la gente.
Lo que se vio en las gradas manda un mensaje poderoso: Sinaloa puede convivir en paz. Culiacán, en su inmensa mayoría, es gente trabajadora, respetuosa, que quiere espacios para disfrutar, convivir y respirar un poco de normalidad. El deporte, cuando se organiza bien y se vive con responsabilidad, une, reconcilia y ayuda a sanar.
Tal vez no hubo campeonato, pero sí algo que hoy vale oro: la certeza de que todavía sabemos compartir, respetarnos y celebrar juntos. Y en estos tiempos, eso también cuenta como una gran victoria.