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El espejismo del balón y Del Toro en los Alpes

En plena efervescencia del Mundial de Futbol, mientras el país entero se detenía gastando millones de vatios de energía emocional discutiendo si la selección Mayor será...

Luis Alfonso Félix, columnista
Luis Alfonso Félix | Foto: Línea Directa

En plena efervescencia del Mundial de Futbol, mientras el país entero se detenía gastando millones de vatios de energía emocional discutiendo si la selección Mayor será capaz de pasar a la siguiente ronda, a miles de kilómetros de nuestro continente ocurrió un milagro deportivo que pasó de noche para millones de mexicanos.

El joven bajacaliforniano de tan solo 22 años, Isaac del Toro, conquistaba el domingo pasado el Tour de Auvernia-Ródano-Alpes conocido históricamente como el Critérium del Fauphiné.

Sobre las mismas carreteras de alta montaña donde se forjan las leyendas del ciclismo, Del Toro atacó de forma brutal a menos de nueve kilómetros de la meta en el durísimo Plateau de Solaison, destrozando a los favoritos de la élite mundial para coronarse campeón.

No fue un triunfo menor: es la antesala directa del Tour de Francia, donde el mexicano llegará como el lugarteniente principal del mejor ciclista del planeta, Tadej Pogačar.

Pero en el termómetro de la atención pública mexicana, la hazaña apenas si registró unos cuantos grados. Las portadas impresas, las tendencias en redes y los bloques deportivos de la televisión prefirieron seguir desmenuzando los resultados, entrenamientos y las esperanzas de un combinado de futbol que, históricamente, en el nivel absoluto de selecciones mayores, no ha ganado nada de trascendencia global.

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Vivimos atrapados en una burbuja deportiva. Consumimos futbol de forma industrial, casi masoquista, midiendo nuestro orgullo nacional a través de un balón que rara vez nos devuelve la cortesía de la victoria. Nos obsesionamos con un proceso futbolístico que a menudo recicla frustraciones, mientras ignoramos el hecho de que un compatriota, montado en dos ruedas y con la pura fuerza de sus piernas, ya está en la cima del podio en el World Tour de ciclismo, compitiendo de tú a tú contra potencias europeas y colombianas.

El problema no es que nos guste el futbol; el pecado es la miopía. Nos cuesta mirar más allá de la cancha de juego para reconocer dónde está brotando la verdadera excelencia mexicana, y seguir soñando con que algún día –muy lejano todavía para muchos- podríamos ganar la Copa Mundial. Y mientras eso sucede, y que tal vez nunca suceda, seguimos asimilando fracasos tras fracasos.

Lo de Isaac del Toro en los alpes franceses no es una casualidad ni un golpe de suerte; es la confirmación de que el talento mexicano puede dominar las disciplinas más agónicas y exigentes del planeta.

El ciclismo de ruta internacional es un ecosistema implacable, y ver la bandera de México en lo más alto de una ronda francesa a pocos días del Tour de Francia debería ser motivo de un festejo nacional idéntico al de un gol de último minuto, ¿no creen?

Ojalá que cuando baje la marea del Mundial, el país voltee la mirada hacia las carreteras. A veces, para ver a México ganar en grande, hay que dejar de mirar el césped y empezar a contemplar las cumbres del mundo. Isaac ya conquistó Francia; ahora solo le falta conquistar los ojos y el reconocimiento de sus propios paisanos y México entero.

Fuente: Internet

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Luis Alfonso Félix

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