El discurso vacío

Culiacán de los desfiguros, Sinaloa, 21 de septiembre 2020. Hace unos días, conocí de un caso que me parece de lo más ilustrativo en lo que toca a la sensibilidad, compromiso y consecuencia (con el discurso) del aparato de gobierno. Se trata del municipal de Culiacán, pero igual sucede en el país todo.

Una pareja de la tercera edad (él, ciego; ella, enferma de cáncer) sin trabajo ni ayudas prometidas por el gobierno en turno, trataban de pagar el predial de la humilde casa que habitan y el cobro que se pretende es más del doble que en años anteriores.

En obvio, no tienen para pagar y se busca la ayuda de un regidor, pero nada se puede hacer (salvo el “descuento” mínimo que se anuncia con desparpajo) porque “son las nuevas reglas” impuestas por el alcalde en turno.

Como se sabe, la ayuda en estos casos se enmarca en la ley y para ello hay partidas específicas en todos los gobiernos, además de exenciones claramente justificadas.

Eso no procede en Culiacán y la divisa es negarlas para recabar más impuestos cuya utilidad social, por cierto, no se ve en parte alguna.

Esa es la consecuencia entre el decir y el hacer de simuladores que merecen otros calificativos.

¿Primero los pobres?

¿INFORMACIÓN O PROPAGANDA?

Hace unos años, en la Ciudad de México, hubo un panel donde algunos periodistas analizamos el papel de los medios en los procesos electorales.

La mayoría de los panelistas, enfocaron sus baterías hacia blancos que los partidos perdedores habían venido señalando como supuestos responsables de sus fracasos anunciados. Intervinieron ahí ex-jefes de prensa que, en su momento, avalaron lo que para muchos eran falsedades y tergiversaciones de la información que ellos mismos boletinaban a los medios para su publicación.

Estaban, ciertamente, prestando servicios profesionales que desde luego cobraron puntualmente, pero el ejercicio analítico que se pretendió hacer en el mencionado panel, entonces, no pudo ser desprejuiciado y un tanto desprovisto de colores partidarios.

La intención del panel, sin embargo, era, y es, recuperable.

No estaría de más que se hiciera uno, aquí, en la víspera de las elecciones del año que entra.

LA DISCUSIÓN QUE SE REHUYE

La cuestión que sigue presente es la disyuntiva entre el ejercicio periodístico como tal y la prestación de “servicios profesionales” a través de los que se incide en la información.

La gran mayoría de las veces, al receptor no se le aclara la diferencia.

Asunto distinto es la venta de publicidad que les permite subsistir a los medios y que se ampara en contratos específicos, debidamente registrados y reportados a Hacienda. En esa publicidad, los gobiernos difunden obras y proyectos, bajo su estricta responsabilidad y tal cual se publican. 

Pero como la contratación de publicidad oficial es discrecional y aun no se maneja con la claridad e imparcialidad debida, puede suceder incluso que se convierta en un recurso para el control (o la satanización, si así conviene a políticos ignorantes, como ya ha sucedido).

Como sea, la cuestión no es sencilla y es por eso que hay una discusión todavía pendiente (a la que no hay que temerle).

EN EL TINTERO

-La Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos del Instituto Nacional Electoral (INE) determinó aumentar de 71 a 100 las candidaturas para la renovación de la dirigencia del partido Morena, atendiendo la orden del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Vamos a ver qué sigue.

-Trump le dijo al periodista Bob Woodward que intencionalmente minimizó la gravedad del coronavirus… para evitar pánico. “Siempre quise minimizarlo, todavía lo minimizo, porque no quiero crear pánico”, dijo Trump… ¿Y cuántas vidas ha costado?

-Poco a poco se sabe más de las concesiones (¿obediencias?) del gobierno mexicano a Trump: No solo el despliegue de miles de efectivos de la Guardia Nacional y el convertirse prácticamente en “tercer país seguro”, también la reasignación del llamado “Fondo México”. Y falta.

-En estos tiempos, y a nivel mundial, el descontento, más aún: el hartazgo que se puede desbordar, se reproduce y Líbano es tan solo una muestra más. Hasta dónde llegará la profunda inconformidad de los pueblos con sus respectivos gobiernos, está por verse.

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