El gobierno de Claudia Sheinbaum está en una encrucijada. Las balaceras, los operativos y las pugnas internas entre los grupos del crimen organizado han llevado la violencia a un punto de no retorno.
La nueva visita a Culiacán del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, pareció ser la señal de que algo importante se avecinaba. Pero en lugar de calmarse las cosas, se desataron aún más.
Vienen, alborotan el avispero y se regresan
Desde un lugar de la capital sinaloense, Harfuch escribió en la red social X que acudió nuevamente a Sinaloa acompañado del secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, con la finalidad de supervisar las acciones de seguridad, en medio de la pugna entre las facciones del cártel de Sinaloa.
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Pero la realidad en el terreno es otra. Horas después de su mensaje, las balaceras se reactivaron y los grupos criminales dejaron claro que no piensan ceder ante la presión del gobierno.
El dilema de Palacio Nacional
La administración federal enfrenta tres escenarios claros:
- Redoblar la ofensiva contra los grupos criminales, arriesgándose a una guerra aún más violenta en las calles, con el Ejército asumiendo un rol más agresivo.
- Mantener la estrategia actual y administrar el conflicto, esperando que la pugna entre las facciones desgaste a los propios grupos y la situación se estabilice por sí sola.
- No actuar con suficiente contundencia y abrir la puerta a una posible intervención de Estados Unidos, ya sea con sanciones económicas más severas, presión política o, en el peor de los casos, una incursión militar bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.
La última opción sería un golpe devastador para el gobierno mexicano. Una acción unilateral por parte de Washington no solo pondría en jaque la soberanía del país, sino que también cambiaría las reglas del juego para los grupos criminales.
El riesgo para los líderes de ambos bandos del cártel es claro: si no logran controlar la situación, podrían terminar enfrentándose a un enemigo que no están preparados para combatir.
Mientras tanto, la violencia en Sinaloa sigue escalando. Los enfrentamientos no cesan, los decomisos y operativos se multiplican, pero la narco guerra no se detiene.
La reciente visita de Harfuch y Trevilla a Culiacán parecía marcar un punto de inflexión, pero aún no está claro si será suficiente para contener la crisis o si solo estamos viendo el prólogo de un conflicto mayor.
México está ante una decisión crucial: o el Gobierno Federal pone orden, o Estados Unidos tomará cartas en el asunto. En cualquiera de los dos escenarios, el costo será alto.
La pregunta es: ¿qué camino está dispuesto a tomar el gobierno de Claudia Sheinbaum?
El reloj avanza.