El “deporte” de no pagar impuestos

Una de las muchas causas de los muchos desencuentros del presidente Andrés Manuel López Obrador con el sector empresarial tiene que ver, además de la añeja animadversión del mandatario con ese sector, con el asunto de la evasión fiscal, ya sea mediante la abusiva condonación de impuestos de parte del gobierno o el uso de cuestionables vías legaloides por los contribuyentes.

Se han hecho públicas precisas y escandalosas informaciones con nombres y montos, sobre quiénes otorgaron y quiénes recibieron condonación de pago de impuestos, donde aparecen empresarios, actores de la política nacional y hasta de la farándula.

Como una conducta tolerada y acordada: no había confianza del empresariado en el gobierno que manejaba los impuestos, y el gobierno toleraba el no pago a cambio del convenenciero respaldo de los dueños de empresas. Así que lo tomaron como un extendido “deporte nacional”.

Esa laxitud y hasta corrupción fiscal provocó que al gobierno no llegaran miles y miles de millones de pesos que debieron ir al erario y servir para obras, servicios e impulsar programas sociales para atenuar la pobreza y la desigualdad entre los mexicanos.

Creo que vale la pena la denuncia contra los evasores y la exigencia del pago de esos recursos, empezando con los consentidos de los gobiernos de los ex presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, políticos de todos los niveles que lo permitieron, artistas y voraces empresarios, sobre inexplicables cuanto abusivos y excesivos beneficios fiscales que recibieron unos y permitieron otros.

Ir contra todos si se tienen elementos, no de manera selectiva para proteger a los “amigos”. Porque los hay de todos colores, hasta los que hoy defienden este gobierno y se desgarran las vestiduras señalando a los corruptos y aprovechados que antes se beneficiaron de la benevolencia fiscal.

Y es que incumplir con el pago de las millonarias obligaciones tributaras no lo hicieron muchos de esos malos empresarios porque no tuvieran el dinero, o para salvar de una quiebra a su empresa y mantener las fuentes de empleo, y sí para aumentar sus ganancias y hacer crecer sus fortunas.

Esa deleznable práctica, de los que la utilizaron y de los que desde las esferas del poder se lo permitieron, no se vale en un país como el nuestro, donde hay millones de pobres que se mueren de enfermedades curables porque no hay medicinas ni médicos suficientes en los hospitales, visten harapos porque ganan salarios insultantes, viven con permanente hambre, faltan escuelas y no hay maestros, y están sentenciados a la miseria permanente.

Por eso, y por todos sus excesos, sus abusos, por su desvergüenza, su cinismo y su hipocresía, siento que a los mexicanos todo esto no resulta más doloroso.

Seguro como país no estaríamos en la bonanza si esos evasores hubieran cumplido, pero sí tendríamos más hospitales, escuelas, caminos y hasta los niveles de marginación de los segmentos de la sociedad menos favorecidos habrían bajado.

Hay responsabilidad de ida y vuelta. Sinvergüenzas que desde el gobierno aprueban ese saqueo de dinero que no es suyo, y cínicos e hipócritas los políticos y empresarios que con una mano señalan a unos de corruptos, y con la otra participan vorazmente en la rapacería.

Y en medio todo esto, humildes contribuyentes acosados como delincuentes por cualquier adeudo o error en el pago de sus contribuciones.

Que el gobierno actúe hoy que tiene la posibilidad. Desde la oposición quienes ahora están en el poder han enarbolado la bandera de la honestidad sobre todas las cosas, ha sido severos críticos de las corruptelas y demás excesos de gobiernos panistas y priistas. Con dedo flamígero ha señalado los más escandalosos casos de corrupción, incongruencias, abusos y excesos de poder. No pueden ser parte de todo eso.

Somos millones de mexicanos que pagamos puntualmente nuestros impuestos sacrificando modestos satisfactores, y desalienta saber que quienes ganan más y hasta viven en la opulencia, reciben este privilegiado trato del gobierno.

En medio de la pandemia, con la incertidumbre ya no si estaremos en crisis, sino de qué tan severa será ésta, mayor relevancia toma la acción rigurosa del gobierno contra los grandes evasores.

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