El arbitraje profesional en México ha sido, sigue y seguirá siendo una fuente inagotable para las críticas: parece que en lugar de avanzar, retrocede. No dan motivo a una buena calificación porque siempre existen errores y dudas de si favorecen o no a ciertos equipos.
Tampoco vemos que la Federación Mexicana de Futbol haya encontrado la solución para cambiar la filosofía o al menos unificar criterios, porque las mismas jugadas las marcan de manera diferente, perjudicando a algunos y beneficiando a otros. No parece haber una luz al final del túnel.
Durante años, por ejemplo, al América le han estigmatizado muchos de sus triunfos y campeonatos. Dicen que sin la ayuda del arbitraje sus vitrinas no estuvieran tan repletas de títulos. Otros opinan que así como se le ayuda, lo “acuchillan”. Esto es motivo de polémica en la calle, en el café, los pasillos y hasta en los propios programas de análisis.
Cuando se habla de errores y ayuda arbitral, las miradas apuntan hacia las Águilas. Sin embargo, no todos los casos se pintan de amarillo. El arbitraje ha perjudicado a grandes y chicos, en rol regular, liguillas y finales. Es una mancha indeleble.
En la jornada del fin de semana, por ejemplo, hubo dos casos –con el América siendo uno de ellos- que mantuvo viva la tradición de hablar más de los árbitros que del desarrollo y resultado del juego. Las Águilas ganaron al Atlas, viniendo de atrás, y para colmo con un “Gato” Ortiz como árbitro central, señalado como el principal orquestador de muchos de sus triunfos.
Ortiz marcó un penalti que dio ventaja al América. En sus programas los analistas opinaron diferente: unos a favor de que sí existió y otros que no. En ese mismo juego, aquellos que señalaron que no fue penalti, también señalaron que uno en contra del “Búfalo” Aguirre no tenía por qué marcarse, cuando estaba más claro que el anterior. ¿Qué explica esto en los comentaristas? Muy simple; su animadversión contra el América de unos, y a favor los otros.
El caso es que, sea bueno o no, el arbitraje siempre será prioridad en un análisis.
En el partido de Chivas contra Tijuana, otro ejemplo, se agregaron 10 minutos de compensación y terminó en 12. El árbitro pudo haber exagerado o no. Y al final, su decisión abrió la puerta al debate ¿fue para ayudar a los tapatíos, que al final de cuentas se quitaron un 0-3 para empatar 3-3?
Con ese tiempo agregado me vino a la memoria un caso muy reciente, con un analista de apellido Ceballos, quien criticó un triunfo del América luego de que agregaran 9 minutos. Dijo que lo habían hecho para ayudarlos. Y ahora que la historia se repitió con otro (Chivas) equipo con el que simpatiza y coloca como el mejor equipo del mundo, no hizo crítica alguna del excesivo agregado, sino que lo consideró prudente.
Entonces, en los cuestionamientos tampoco hay un criterio unificado. Y tal vez sea un problema que no tenga remedio.