Sinaloa enfrenta un cúmulo de problemas económicos sin resolver y con insuficiente atención. Sus principales actividades productivas reflejan serias dificultades. La mayor parte de los sectores productivos de la economía sinaloense enfrenta un escenario adverso.
Durante los últimos ciclos, la falta de agua y la incertidumbre en la comercialización han reducido las superficies sembradas de maíz, frijol, trigo y garbanzo. Los bajos precios que prevalecen en el mercado internacional han afectado la rentabilidad de los productores.
Los impactos del cambio climático y las elevadas temperaturas han mermado los rendimientos del maíz. En estas semanas de trilla se observa que la productividad ha caído de 10 o 12 toneladas promedio por hectárea a niveles de entre 6 y 8. Se afirma que hasta un 40 por ciento de los productores caerán en cartera vencida.
La producción de mango en el sur del estado también registra una circunstancia crítica. Las condiciones climáticas atípicas perjudicaron la adecuada floración de esta fruta, de la cual depende una importante proporción del empleo rural en dicha región.
De igual forma, la ganadería local enfrenta una complicada realidad. Desde 2019, Sinaloa perdió su estatus zoosanitario, lo que canceló toda posibilidad de exportar ganado en pie hacia Estados Unidos. Durante todo este tiempo no se ha logrado erradicar la tuberculosis bovina ni la brucelosis y, para complicar todavía más las perspectivas del sector, existe la grave amenaza del gusano barrenador, que ya llegó al vecino estado de Nayarit.
La pesca y la acuicultura también se encuentran estancadas. En los periodos de veda del camarón, como ocurre actualmente, la actividad productiva en los campos pesqueros de Sinaloa se desploma hasta en un 80 por ciento y no existen suficientes opciones de empleo.
Durante décadas, los productores acuícolas han demandado la electrificación de sus unidades de producción para reducir costos y ser más competitivos, pero la CFE nunca ha dado una respuesta favorable. En los tiempos más recientes, el principal problema del sector es la importación ilegal de camarón de granja procedente de Ecuador, el cual ingresa de contrabando debido a la corrupción prevaleciente en nuestros puertos y aduanas.
Por su parte, la actividad comercial y de servicios, principalmente en Culiacán, municipio que genera casi el 40 por ciento del PIB estatal, registra una fuerte caída. Los 20 meses acumulados de violencia e inseguridad han provocado un considerable cierre de negocios.
El impacto de todo esto sobre el empleo formal, el que se registra ante el IMSS y brinda seguridad social y prestaciones de ley, ha sido lamentable.
En Sinaloa, de mayo de 2025 a mayo de 2026, se perdieron 14 mil empleos formales. Pero si este periodo se amplía y se compara mayo de 2026 con mayo de 2024, antes de que iniciara la imparable crisis de violencia, la pérdida de empleo formal asciende a 25 mil puestos de trabajo.
Bajo estas circunstancias, lo que sí ha crecido es el empleo informal, es decir, la ocupación laboral precaria que no cuenta con las prestaciones de ley. Esto ya representa un problema social muy serio. En su más reciente medición, el Inegi indica que el 48.7 por ciento de los trabajadores sinaloenses labora en la informalidad.
El turismo es, en cierta medida, la excepción. La actividad turística de Mazatlán registra niveles positivos y el arribo de cruceros internacionales se mantiene. Sin embargo, se necesita realizar una promoción más eficaz y destinar mayores recursos públicos para impulsar el turismo alternativo que representan los Pueblos Mágicos, como El Fuerte, Mocorito, Cosalá, San Ignacio y Rosario.
Este 2026 no tenemos inversión pública federal en Sinaloa. Ya casi concluye el primer semestre y aún no inicia la construcción del nuevo hospital del IMSS en Culiacán, ni tampoco la del hospital IMSS-Bienestar en Guamúchil, ambos largamente anunciados.
El Gobierno del Estado y los 20 municipios de Sinaloa enfrentan ahora fuertes restricciones presupuestales.
Preocupa que en el escenario nacional no se aprecie una perspectiva de mejora. Para este 2026, todos los pronósticos de crecimiento del PIB se han ajustado a la baja, hasta una tasa de apenas 1 por ciento, realmente mediocre.
Para enfrentar el profundo malestar económico de Sinaloa, como estado nos urge realizar una verdadera convocatoria pública y promover un amplio diálogo social que nos permita superar este cúmulo de problemas.
Si no lo hacemos, nos tomará mucho tiempo, muchos años, superar este prolongado estancamiento.
Los tiempos electorales rumbo a 2027 ya están cerca. Todos los partidos y actores políticos estarán concentrados en designar a sus candidatos y ganar las elecciones. Sin embargo, para la clase política de Sinaloa, esto no debe implicar que se aplace la urgente toma de decisiones ni la definición de estrategias realmente eficaces que permitan remontar los complejos problemas económicos que hoy padecemos.