Desencanto

Las redes sociales, las “benditas redes sociales”, como las califica el Presidente Andrés Manuel López Obrador. Si lo que se ha manejado en ellas durante las últimas horas fuera el parámetro para medir la aceptación o rechazo de las acciones de este Gobierno Federal ante la brutal crisis sanitaria que se padece y la económica que se pone cada día por el coronavirus, deberían pensar seriamente en un cambio de estrategia.

Había muchas expectativas de los mexicanos sobre lo que el mandatario anunciara en su programa emergente para el bienestar y el empleo el domingo pasado.

Ante la situación ya grave, la certeza que se tiene es que no se ha llegado a lo peor, que habrá de presentarse en los próximos meses. Y ahora sí, también, de que desde el gobierno no se lanzará una cuerda para el rescate de muchas empresas pequeñas y medianas, que sucumbirán irremediablemente. Cuando todo pase en materia sanitaria, no podrán levantar sus cortinas.

Por eso toda la irritación, ya no inconformidad y molestia, no solo de grandes empresarios, que seguramente estarán en condiciones de sortear con dificultades pero sobreviviendo, hasta el final la contingencia sin apoyos oficiales, sino de dueños de pequeñas y medianas empresas que quedan sentenciadas a su desaparición.

Y no se trata solo de que esos empresarios quiebren y cierren sus negocios, sino del despido de miles y miles de trabajadores que ocupaban y con ello podían acceder a un ingreso que les permitía enfrentar las necesidades más elementales.

Leí y escuché en las redes sociales y diversos medios tras el mensaje presidencial, gran coraje de un amplio sector de la sociedad del que jamás había sido testigo. Ni en las crisis en los más corruptos e irresponsables periodos priistas y panistas.

Y no de empresarios que estén acostumbrados a que el gobierno les regale todo, pero sí de quienes saben exigir que se les brinden desde el gobierno las condiciones para realizar su trabajo.

Dijo el presidente que el gobierno es ahora el que se aprieta el cinturón y que bajarán sueldos y no darán aguinaldos a los funcionarios. Una burla. Eso, ante la dimensión de la emergencia, es como el tamaño del virus en comparación con el cuerpo humano.

Cuando menos se esperaba un llamado a la concordia, a la unidad, al respeto, comprometiéndose a predicar con el ejemplo. Nada. Algo sí habría que creerle al Presidente y tenerlo bien presente: Viene lo peor.

Desencanto, esa es la palabra.

En 280 caracteres. Como si no se tuviéramos ya bastante, sale la esposa del Presidente en las redes sociales a confrontar a los analistas que consideraron hubo fallas en la organización del mensaje y en el contenido. Está en su derecho, pero ni son formas ni era el momento. Cuando la esposa del presidente sale a defenderlo, lo hace ver mucho más chiquito.

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