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¿Democracia para la UAS?

La Universidad Autónoma de Sinaloa se encuentra en manos de un grupo político monolítico desde principios de siglo. Son aproximadamente 20 años de que la UAS...

Juan Ordorica
Juan Ordorica | Analista y columnista Línea Directa

La Universidad Autónoma de Sinaloa se encuentra en manos de un grupo político monolítico desde principios de siglo. Son aproximadamente 20 años de que la UAS no tiene pluralidad en sus administraciones. El sistema se rige bajo decisiones plenamente verticales con cero espacios para el intercambio de ideas. El exrector Juan Eulogio Guerra (quien llegó con el apoyo del grupo de poder dominante) intentó romper con la nomenclatura uaseña (para crear una propia. No era hermana de la caridad), pero fracasó en sus planes de construir su propio imperio universitario.

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En sentido contrario, hay voces que piden regresar al pasado: a la “democracia” universitaria de las últimas décadas del Siglo XX.  Aquella democracia de las carnes asadas, de los conciertos populares del Recodo y Julio Preciado, a los acarreos masivos, a la eterna fiesta en las facultades y al despilfarro apoteósico en aras de granjearse los votos de los estudiantes. Sinaloa, en mayor o menor medida está viviendo una democracia extraída de aquellas épocas. Los grupos políticos actuales que controlan los espacios públicos fueron actores preponderantes de aquella escuela electoral rosalina. La democracia universitaria de los 80´s y 90´s escapó de los campus para impregnar la vida pública de la sociedad moderna en nuestro estado. Las viejas formas de hacer política en la UAS son las actuales formas de hacer política en Sinaloa.

La vida universitaria pasó de los excesos de su idea de democracia a una falta absoluta de ella. En lo personal, considero que la UAS debería ser más plural, pero no regresando a la “democracia” que alguna vez fue. La UAS tiene mejores resultados en lo académico desde que las elecciones se dejaron de organizar entre los estudiantes (los parámetros de los resultados existen para quien quiera comparar). El fin último de la Universidad no es organizar elecciones. Sí debe existir el debate e intercambio de ideas, pero sin entregarse a la lucha encarnizada por el Poder a costa de la academia.

La democracia directa entre los universitarios no es sinónimo de buenos resultados de las 10 mejores universidades del mundo (Ranking QS): MIT, Cambridge, Oxford, Harvard, Stanford, Colegio Imperial de Londres, ETH Zurich, Universidad de Singapur, UCL y Berkley, y ninguna de ellas tiene voto directo para elegir a sus autoridades. En el caso de las 10 mejores universidades de América Latina: De Buenos Aires, UNAM, Sao Paulo, Católica de Chile, U de Chile, De Campinha, De los Andes, Nacional de Colombia y Católica Argentina, y únicamente la Universidad de Chile tiene la modalidad del voto universal como forma de elección de su rector. Por último, de las mejores 10 universidades de México: UNAM, ITESM, ITAM, IPN, UDEG, UP, COLMEX, Iberoamericana, Anáhuac y UAM, de estas ninguna utiliza la consulta directa a la comunidad universitaria para decidir quién será su rector.

En el ranking de las mejores universidades del mundo, de la región y de México, el modelo que más se repite es la elección de autoridades a través de un Consejo Universitario o su equivalente. Algunas universidades públicas en la lista tienen rectores designados unilateralmente por autoridades políticas (gobernadores o presidentes) y en las universidades privadas sobresale la designación a través de un Consejo de notables. Únicamente la Universidad de Chile de las 30 universidades mencionadas consulta a la comunidad estudiantil.

Los resultados son más que obvios: democracia directa no implica mejores resultados en la academia.  Desde luego que hay una diversidad de ideas y pluralidad en las universidades del ranking. Hay excepciones, pero en muy pocas de ellas se castiga pensar diferente.

A mi entender como extrabajador universitario y egresado de la UAS, la solución no radica en revivir la democracia uaseña. Fui participe de esa democracia y creo que fue uno de mis errores de juventud. No llega al arrepentimiento, sin embargo, es motivo suficiente para reflexionar sobre las consecuencias de aplaudir y participar en los excesos de la democracia a la uaseña. Esa democracia trajo provecho a grupos políticos, pero no a la comunidad universitaria. La calidad de la enseñanza se ponía en segundo plano en aras de ganar las elecciones.

La UAS necesita apertura, pluralidad y nuevas ideas. No debe de ser patrimonio de ningún grupo en especial. La solución tampoco está en regresar al pasado o seguir manteniendo el presente. Existen muchas opciones. Por desgracia, en la idiosincrasia maniqueísta de nuestra sociedad no hay más que de dos sopas: regresar al pasado y sus excesos o mantener el monolito impenetrable de la UAS de hoy.

¿Usted qué opina amable lector? ¿Democracia para la UAS o UAS con otra democracia?

 

Fuente: Internet

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