El robo de combustible en México no comenzó con las perforaciones clandestinas. Mucho antes de que el delito se conociera como “huachicol”, ya existía dentro de Petróleos Mexicanos un sistema informal de extracción y reventa de gasolina, operado con la participación de trabajadores, funcionarios y líderes sindicales.
En las décadas de los sesenta y ochenta los reportes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) se centraron en la figura de un joven dirigente sindical que más tarde se convertiría en uno de los hombres más poderosos de Pemex: Carlos Romero Deschamps.
En 1979 la DFS registró que se presentaron una serie de denuncias ante la Procuraduría General de la República, en las que acusaron al líder petrolero de vender plazas, apropiarse de fondos sindicales, ordenar agresiones físicas contra trabajadores que lo confrontaban y realizar el saqueo de combustible de la refinería Azcapotzalco en “pipas de doble fondo” en complicidad con “administradores y agentes de los servicios especiales que prestaban sus servicios a Pemex”. Ninguna de las acusaciones prosperó. Ese mismo año obtuvo una candidatura del PRI y, poco después, fuero legislativo, integrándose a la Legislatura LI, lo que blindó su ascenso político. Raúl Olmos, Huachicol fiscal, ed. Grijalbo, pag 32.
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El huachicol nació dentro de Pemex y de ahí se derivó el surgimiento de redes criminales dedicadas a comercializar el combustible robado. La oferta de producto a precio más bajo que los que imponía Pemex les permitió reducir costos. La red se expandió muy pronto a las industrias. Los grupos criminales pronto se dieron cuenta que podían ganar más si controlaban directamente el acceso al producto. Esto se logro con complicidades con trabajadores dentro de la empresa de Pemex.
Con este esquema se fortalecieron los huachicoleros clásicos. Acumularon infraestructura, dinero, contactos y rutas. Después dieron otro paso. Los delincuentes entendieron que podían ampliar su negocio sin depender de combustible robado en campo. Bastaba con mover cargamentos legales en apariencia, importados bajo fracciones arancelarias que no correspondían, o declarados como productos que no pagaban impuestos. Este modelo requería otra capa de corrupción: personal en aduanas, agentes de comercio exterior y enlaces en empresas importadoras. Así nació el contrabando documentado, que no sustituyó al huachicol tradicional, pero sí le abrió una vía más rentable y menos riesgosa.
El esquema de robos empezó con desvíos dentro de Pemex, y terminó en manos de criminales capaces de perforar ductos, robar cargamentos, coordinarse con mandos militares y operar después desde las aduanas con empresas creadas para justificar importaciones.
El huachicol se expandió porque hubo corrupción en todos los niveles, desde las plantas de refinación hasta los puertos y carreteras del país.
Con el tiempo, esa misma base operativa evolucionó y abrió la puerta a una etapa distinta, más silenciosa y difícil de rastrear: el huachicol fiscal.
Para la elaboración de este artículo se consultaron a Raúl Olmos, Huachicol fiscal, Ed Grijalbo y a Ana Lilia Pérez, El Cartel negro, Penguin Random House.