Prácticamente todos los embajadores de Estados Unidos (antes y ahora) como lo hizo el representante plenipotenciario del gobierno yanqui en México, en 1913, Henry Lane Wilson, intervienen en la política interna de nuestro país con la vergonzosa complicidad de mexicanos traidores.
Recordemos que Wilson presentó sus credenciales diplomáticas, el 5 de marzo de 1910, al entonces presidente Porfirio Díaz y seguro estaba de que las concesiones irregulares a petroleros yanquis, y los privilegios de que gozaban todos los inversionistas extranjeros, seguirían sin duda.
Pero no le gustó a la oligarquía yanqui, ni a la local, lo que Francisco I. Madero se proponía hacer en favor del pueblo mexicano.
TRAICIÓN Y TRAGEDIA
El embajador Wilson fue el principal promotor y autor, junto con los traidores mexicanos Bernardo Reyes, Félix Díaz, Manuel Mondragón y Victoriano Huerta, del “Pacto de la Embajada” (de Estados Unidos, donde se fraguó) con el objetivo de derrocar al presidente Madero.
El 19 de febrero de 1913, Madero y José María Pino Suárez, vicepresidente, fueron torturados y obligados a firmar su renuncia.
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Pedro Lascuráin, que era ministro de Relaciones, estuvo en la presidencia durante 45 minutos, designó a Victoriano Huerta como secretario de Gobernación y renunció, siguiendo el guion de la farsa.
Los golpistas se habían comprometido a respetar la vida de Madero y Pino Suárez y a tramitar su exilio a Cuba, pero, el 22 de febrero de 1913, asesinaron brutalmente a los dos.
Victoriano Huerta se proclamó presidente interino dando lugar a levantamientos armados en el país, con el beneplácito del embajador gringo Henry Lane Wilson.
LAS CUENTAS DE LA HISTORIA
La historia da cuenta precisa de la intervención del embajador estadounidense en el derrocamiento y asesinato de Madero y Pino Suárez. Fue Lane Wilson quien organizó el “pacto de la embajada”, que incluso firmó, donde se establecieron los términos para que Huerta accediera a la presidencia.
También Wilson, a través de tratos con la prensa, promovió previamente la inestabilidad e hizo propaganda, con la complicidad de la contra revolución mexicana, para justificar la intervención estadounidense en los asuntos mexicanos (lo mismo que ahora está haciendo la embajada estadounidense, con la complicidad de la derecha mexicana, el Prian y la oligarquía.
APRENDER DE LA EXPERIENCIA
En julio del año pasado, el nuevo embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, ex miembro de los “boinas verdes”, coronel retirado y ¿ex? agente de la CIA, presentó su acreditación a la presidenta Sheinbaum.
Relevó Johnson al anterior embajador, Ken Salazar, exhibido como un contumaz mentiroso e injerencista, por sus propias palabras.
El actual, Johnson, es conocido por apoyar una posible intervención militar directa de Estados Unidos en México, con el pretexto de la lucha contra los carteles de la droga, y según sus antecedentes, es un especialista en estrategias de desestabilización, promoviendo la oposición interna en donde le indique su gobierno.
La correcta dimensión de la historia irrefutable debería dictar la pauta a seguir por México.
ES SU CONDICIÓN Y NATURALEZA
Es inconcuso que los embajadores yanquis, en todo el mundo, se comportan con altanería y prepotencia, además de que se sienten con el derecho de intervenir en las
naciones que ellos consideran débiles y atrasadas.
La historia da cuenta de múltiples acciones ilegales cometidas por el imperialismo gringo. Un recuento revela que, de 1776 a la fecha, Estados Unidos ha realizado alrededor de 400 intervenciones militares.
Más de la mitad han tenido lugar a partir de 1950, y el 25% después de la Guerra Fría. Está documentado y probado que han sido 469 intervenciones militares de Estados Unidos entre 1798 y 2022, pero hay más hasta la fecha.
No hay, pues, margen para la ingenuidad y la diplomacia pusilánime.
EN EL TINTERO
-El BM y el FMI, son paleros de la oligarquía mundial; las “calificadoras”, un negocio que representa costos altos para gobiernos ingenuos o cómplices; los “analistas
especializados” y los “asesores de alto nivel”, otro lastre. A todos, hay que mandarlos, literalmente, al diablo.
-Políticos ambiciosos a la par de vulgares, oportunistas e ignorantes, los hay a destajo en Estados Unidos. Son, además, simplones y faltos de imaginación e ingenio, de ahí que recurran a satanizar a México cada vez que abren la boca. No les da para más.
-Desde ya, lo que les digan a pedido los delincuentes apapachados por Trump, carece de la menor credibilidad.