Cuando el río suena…

Durante las últimas semanas se han generado informaciones en el sentido de que hay casos de manejo corrupto de programas sociales, desde la utilización de los trabajadores   conocidos como “servidores de la nación” como estrategia de clientelismo político, hasta el desvío de becas “Benito Juárez”.

Esto amerita un inmediato y fuerte manotazo en la mesa de un gobierno cuya bandera ha sido la lucha contra la corrupción y el de ser diferente a quienes antes estuvieron.

Los señalamientos han sido contundentes en el caso del manejo político de los programas federales y el cobro de becas que no han llegado a los beneficiarios.

Dice el refrán popular que cuando el río suena agua lleva.

El asunto de la corrupción, de los gobernantes ladrones y además cínicos, provoca en los ciudadanos depresión, aumenta su decepción hacia sus autoridades y dispara el hartazgo por los excesos desde el poder.

El 2018 se votó por qué ya paren tantos desmanes, tanto saqueo a las finanzas públicas, tantos abusos y manoseo electoral de los programas gubernamentales.

El propio presidente de la República pondera en cada momento la honestidad de su gobierno.

Pero el solo ejemplo de Andrés Manuel López Obrador de no ser corrupto no evitará que muchos de sus colaboradores y gobernantes de todos los niveles miembros del partido al que pertenece sean corruptos. Muchos de ellos lo han sido siempre, lo son ahora y no dejarán de serlo solo porque su ahora jefe político no lo sea.

De ninguna manera se trata de ver en qué partido, en qué color, hay más corruptos. La cuestión es que de todos los colores que han tenido la oportunidad de tener el poder, desde todo hasta un pedazo, se han corrompido.

No, los vicios, la corrupción y las resistencias al cambio desde dentro del gobierno no se acaban mediante decretos, ni con el ejemplo o buenas intenciones presidenciales.

Muchos aún no quieren entender que la oportunidad de estar en el servicio público es un gran privilegio, una extraordinaria oportunidad para servir a los demás, no para llenarse los bolsillos de dinero robado al erario.

Se debe de ir hasta las últimas consecuencias en los casos recientes de corrupción que se han denunciado en Sinaloa.

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