Corrupción

Ayer fue detenido en Estados Unidos el exgobernador de Chihuahua, César Duarte. Es acusado de una serie de delitos que claramente pueden quedar enmarcados en prácticas de corrupción.

Eso es un buen mensaje en el proceso de acabar con la tremenda impunidad de la que han gozado muchos exgobernantes que llevaron a la sociedad mexicana al estado de irritación y pobreza en la que se encuentra.

Lo que se espera es la aplicación estricta de la ley, porque son muchos los antecedentes en el sentido de que por complicidad o incapacidad de la autoridad competente para sustentar las acusaciones, con absoluta facilidad, muchos pese a las contundentes evidencias han evadido cualquier castigo y disfrutado en libertad de sus bienes mal habidos.

Esta batalla contra la impunidad no es cualquier cosa, porque debe significar la lucha contra la corrupción e impunidad que mata, empobrece y acentúa ancestrales rezagos sociales. Es la desviación de dinero para la formación de extraordinarias fortunas ilícitas de gobernantes.

Esa corrupción es una sentencia a la miseria de millones de mexicanos, es cancelarles cualquier posibilidad de educación o condenarlos a muerte por falta de atención médica en instituciones públicas. Es decretar el rezago en infraestructura que haga viable el desarrollo de las comunidades e incentivar la construcción de obras de mala calidad.

Es necesario exigir y vigilar que haya transparencia en el gobierno, en todos los niveles. El caso es que si no hay transparencia, se privilegia el desorden en el manejo del recurso público, se favorece la corrupción, y donde hay corrupción se estanca el desarrollo social y económico, se pierde la confianza en el gobierno y sus instituciones, se forma una sociedad apática, decepcionada y en franco deterioro, y se agudizan los más serios problemas como la violencia, la inseguridad y la ignorancia, con todo lo que ello implica.

La corrupción se puede reducir con menos impunidad, con controles más eficientes de la función pública, donde los funcionarios corruptos sepan que esa práctica tiene un costo y que verdaderamente se paga, pero sobre todo con un gran compromiso de la clase política, donde la opacidad no sea refugio y manto protector de quienes siendo servidores públicos, son también ladrones.

El desvío de dinero público hacia los bolsillos de gobernantes corruptos es frustrante para los ciudadanos. Que quienes lo están haciendo, o lo hicieron, reciban todo el peso de la ley. Porque seguro aún hay muchos César Duarte libres y otros en gestación.

Que se vaya contra todos, porque finalmente la justicia selectiva no es justicia.

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