Comer tierra y beber de los frascos de limpieza

Este sábado 25 de abril desperté recordando que era el cumpleaños del buen periodista Marcos Vizcarra, así que decidí mandarle una felicitación por Twitter. Tomé el teléfono, abrí mi cuenta y lo primero que me apareció en mi timeline fue un tuit de Joe Biden, virtual candidato presidencial demócrata estadounidense, que escribió lo siguiente en un tono que me pareció muy inusual: I can´t believe I have to say this, but please don´t drink bleach.

            «Eh, qué raro», dije para mí, muy extrañado de que un político de ese nivel estuviera diciendo eso: «No puedo creer que tenga que decir esto, pero por favor no bebas blanqueador». ¡Ja! qué loco. ¿O acaso Biden sabrá que de niños comíamos tierra que ahora nos pide que no le echemos el trago a las botellas de desinfectantes? ¡Ja! Nomás me sonreí y no le di más importancia.

            Entonces le escribí el tuit de felicitación al buen Marcos Vizcarra, que quizás muchos no sepan pero también es músico; hace 10 años tuvo un noble gesto de cantarnos y tocar la guitarra en la misa de primera comunión de mis dos niños en la capilla del convento de las Madres Adoratrices, aquí en Culiacán. Lo felicité en el tuit con una frase célebre de Ryszard Kapuściński que le queda muy bien a él como el excelente periodista que es: «Las malas personas no pueden ser buenos periodistas».

            En fin, bajé a desayunar y mi esposa Imelda me recibe sorprendida en la mesa con una pregunta que me hace con los ojos bien abiertos: «¿Ya viste lo que dice Trump?, Que la gente tome Lyson y esos desinfectantes para combatir el coronavirus, y ya veo a la gente tomándolo, ¡qué bárbaro!».

            ¡Ah! hasta entonces entendí el tuit de Joe Biden; le estaba contestando a Donald Trump pero sin referirse a él, pidiéndole a la gente que no se le ocurra hacerle caso de beber esos productos de limpieza. Eso lo había sugerido Trump el día anterior, pero yo por las clases en línea y la revisión de las decenas de trabajos que me mandan los alumnos, casi no he tenido tiempo en estos días de ver las noticias o de meterme a las redes sociales.

            «Oye, se llevó de calle a López Obrador con lo de los escapularios. Y nosotros que nos quejábamos», le respondí con sentido del humor a mi esposa.

            Pero, lamentablemente, veo que estos disparares, después de que nos hacen reír, avivan más la gran crítica que se le hace a la democracia, como lo es la calidad de los gobernantes que elegimos como pueblo. Aunque Platón recomendaba que los gobernantes tenían que ser los filósofos por ser los más preparados, la realidad es que en la democracia los gobernantes no son los más preparados, sino los más populares, y esto debido a que en las elecciones el común de la gente decide más con la emoción que con la razón. La democracia es una competencia caudillista por el voto, sólo eso, criticaba Joseph Schumpeter. Es decir, un concurso de popularidad.

            Por ello, podemos entender que en México hayamos tenido en los últimos años como presidentes a figuras como Enrique Peña Nieto (creo, el más tristemente célebre de todos), a Vicente Fox y ahora tengamos a Andrés Manuel López Obrador, así como que en Estados Unidos tengan ahora a Donald Trump, surgido de lo más hondo del sentido irracional xenofóbico, que amenaza además con prolongarse en noviembre próximo con la reelección.

            Sin embargo, hoy es momento de que la popularidad ceda un poco su lugar a la preparación, como quería Platón. La pandemia del coronavirus ha venido a convertirse en el gran examen sorpresa para nuestros gobernantes, que deben demostrar que tienen también la capacidad (no sólo la popularidad) para hacerle frente a este gran reto, porque es precisamente en los grandes retos cuando se conoce a los grandes hombres, de qué están hechos.

            Y para nosotros como ciudadanos, es momento también de que nuestra emoción ceda un poco su lugar a la razón. Juzgar concienzudamente la actitud de nuestros gobernantes ante esta crisis, para ver si hemos acertado o no en nuestra elección democrática, o si creemos que en realidad no pasa nada, que la fe basta para protegernos y de que podemos seguir como niños comiendo tierra y bebiendo de los frascos de limpieza, aunque después eso que creemos nos hace bien nos termine dañando mucho.

            Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda

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