Coleman, el salvamento y sus criterios

En una temporada donde las apariciones e innings lanzados son tema de discusión, por la simple razón de que un gran número de jugadores no reunirán el mínimo que se requiere para clasificar, el cerrador Casey Coleman podría empatar o superar el récord de más salvamentos sin que para ello tenga que depender de un tope de entradas trabajadas.

El relevo corto de los Tomateros salvó su juego número 18 de la campaña el martes pasado ante los Aguilas de Mexicali, colocándose a cinco del récord que impuso Mark Zappeli (Obregón) en 1990 y que empató 15 años más tarde Andrés Avila con los Cañeros de Los Mochis.

Este departamento está exento de un mínimo de innings lanzados, los que para el caso requiere el pitcher campeón en ganados y perdidos, así como el de efectividad, dos de los más importantes y “peleados” por los serpentineros, sobre todo este último, que se convierte en la llave para exigir un mejor sueldo año siguiente.

Coleman ha sido tan efectivo que solo una vez no ha sumado rescate cuando sube al montículo. En los últimos 28 años solo siete lanzadores han conseguido el doble dígito en un casillero también cuestionado por muchos sobre la forma con que se considera y adopta el término “salvado”, cuando en muchas situaciones la función del jugador suele ser poco trascendental.

La regla dice que para apuntarse un juego salvado se aplican tres criterios: lanzar un mínimo de tres entradas, no tomar el partido con ventaja mayor de tres carreras, o entrar al mismo con las carreras del empate o triunfo en base, turno al bat o esperando turno. En la mayoría de las ocasiones muchos cerradores no se encuentran con ninguno de los dos últimos puntos.

El del martes por ejemplo, el norteamericano llegó a la novena entrada con ventaja de 4-2 y sacó fácilmente los dos primeros innings antes de meterse en problemas recibiendo tres hits consecutivos que, además de generar una carrera, puso en riesgo la ventaja y triunfo parcial de Tomateros.

Por eso muchos se preguntarán, ¿en qué momento salvó el partido? En ese caso habríamos que entender, que efectivamente preservó un triunfo que él mismo puso en riesgo, y no porque haya entrado al juego en una situación difícil y complicada, y de cuya efectiva labor se desprende que gracias a su dominio el equipo mantuvo y terminó con el triunfo.

APARICIONES. El tema del mínimo de presencias al plato donde los jugadores requieren 3.1 por partido, ha provocado que más del 75 por ciento de todo el circuito no tiene derecho a figurar entre los que realmente pueden y deben aspirar a la corona de bateo.

Hasta el miércoles solo 35 jugadores reunían las apariciones legales y el último de ellos con un porcentaje más pobre que mi cuenta bancaria (apenas .213). Pero lo más grave del asunto es que solo 10 de todos ellos cruzan la barrera de los .300.

Con el 2.7 apariciones por juego que se aplicaba todavía hace algunas campañas, el porcentaje estaría equilibrado.

EFECTIVIDAD. En el rubro de carreras limpias admitidas también la aplicación de una entrada por juego celebrado castiga a algunos elementos que en otras condiciones estarían en zona clasificación.

El 0.8 por juego disputado desapareció a la par con las apariciones oficiales y ha adelgazado el número de jugadores que pudieran clasificar. Aquí la nueva regla golpea doble, porque tanto el departamento de efectividad como el de juegos ganados se rige precisamente por los innings lanzados.

En la lista del miércoles solo ocho lanzadores reunían el mínimo, y los dos últimos con un porcentaje más alto que el precio de la gasolina.

 

 

 

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