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¿Bajan los homicidios? El miedo no

Hay un dato que las autoridades deberían leer con mucha atención. No porque sea nuevo, sino porque confirma una realidad que millones de pesos invertidos en...

Víctor Torres, director general sistema informativo Línea Directa
Víctor Torres, director general sistema informativo Línea Directa | Víctor Torres, director general sistema informativo Línea Directa

Hay un dato que las autoridades deberían leer con mucha atención. No porque sea nuevo, sino porque confirma una realidad que millones de pesos invertidos en cientos de operativos y miles de elementos desplegados todavía no han logrado modificar.

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI volvió a colocar a Culiacán entre las ciudades donde la gente tiene más miedo de vivir.

Nueve de cada diez habitantes dicen sentirse inseguros. Mazatlán continúa con una percepción elevada y Los Mochis, aunque sigue muy por debajo de ambas ciudades, registró uno de los mayores incrementos del país.

La primera tentación es descalificar la encuesta. La segunda, atribuirla a la difusión constante de hechos violentos en medios y redes sociales. Ninguna explicación, por sí sola, alcanza para desacreditar la encuesta.

La percepción no surge de las noticias que se difunden ni de las publicaciones en Facebook. Se construye todos los días.

Se construye cuando una familia deja de salir por la noche. Cuando un padre cambia la ruta para llevar a sus hijos a la escuela. Cuando un comerciante decide cerrar más temprano. Cuando alguien escucha balazos y ya no pregunta qué pasó, sino por dónde fue para evitar esa zona.

Existe una tendencia a medir el avance de la estrategia únicamente con cifras: tantos detenidos, tantas armas aseguradas, tantos laboratorios destruidos, tantos operativos. Todo eso importa y sería injusto ignorarlo. Sería igualmente injusto desconocer que en las últimas semanas han disminuido los enfrentamientos armados en las calles de Culiacán y que muchas personas han comenzado a recuperar actividades nocturnas.

Pero una cosa es que disminuyan algunos indicadores y otra muy distinta que desaparezca el miedo.

El miedo tiene memoria

Durante casi dos años, los sinaloenses aprendieron a vivir pendientes del celular, a revisar antes de salir qué está ocurriendo en la ciudad, a cancelar reuniones, a modificar horarios y a incorporar el riesgo como parte de la rutina. Ninguna sociedad borra esa experiencia porque un trimestre arroje mejores cifras.

Ahí está la diferencia entre la estadística y la percepción.

La primera puede cambiar de un mes a otro. La segunda necesita tiempo, consistencia y resultados sostenidos.

Por eso llama la atención el caso de Los Mochis. No porque sus niveles sean comparables con los de Culiacán, sino porque la percepción comenzó a moverse al alza. Y la percepción suele ser un indicador adelantado del ánimo social. Ignorarla sería un error.

También conviene ser cuidadosos con otro argumento que suele aparecer cada vez que se publican estos resultados: culpar a los medios o a las redes sociales.

Sí, hoy la información circula con una velocidad nunca antes vista. Existen contenidos falsos, rumores y publicaciones irresponsables que generan incertidumbre. Pero responsabilizar únicamente a la información equivale a decir que el problema está en quien cuenta los hechos y no en los hechos mismos.

La confianza no regresa cuando llegan más soldados. Regresa cuando dejan de ser necesarios. 

Ese es el verdadero reto para Sinaloa.

Fuente: Internet

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Víctor Torres

Columnista

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