La semana pasada, el gobierno de México tomó una decisión audaz que impone elevados aranceles a las importaciones procedentes de China y otros países asiáticos. Se está adoptando una decisión de carácter estratégico, de enorme calado, que pareciera ser definitiva en el contexto de un mundo cada vez más polarizado; definido por una creciente rivalidad económica, comercial, tecnológica, financiera y política, entre el gigante chino y los Estados Unidos.
A nivel mundial se vive una nueva realidad geopolítica. Después de casi medio siglo de elevadas y sostenidas tasas de crecimiento económico, China ya es la segunda economía más grande del planeta. En unas cuantas décadas pasó de ser la fábrica del mundo, maquiladora y productora de manufacturas baratas, para convertirse en una verdadera potencia comercial, militar, tecnológica, con un creciente liderazgo en el ámbito de la inteligencia artificial. Desde su primer mandato, el Presidente Trump ha señalado que China representa una verdadera amenaza para los intereses y la seguridad nacional de EU. En este 2025 ha regresado de nuevo a la Casa Blanca instrumentando una política comercial disruptiva del orden económico internacional; estableciendo elevados aranceles a países que han sido sus socios y aliados. A China le ha fijado una de las mayores tasas arancelarias, del 50%, dando la pauta a un proceso de enormes fricciones políticas, a una disputa y negociación aún sin resolver.
Como país estamos tomando partido. El Gobierno de México ha decidido fortalecer su alianza estratégica con EU y tomar distancia del gigante asiático. El gobierno de la presidenta Sheinbaum ha resuelto subirse al tren norteamericano de mayores aranceles contra China. Más allá de ideologías y resentimientos históricos; por encima de espíritus nacionalistas que apelan siempre al concepto de soberanía, me parece que estamos ante una decisión política correcta; resuelta con un claro sentido estratégico, con pragmatismo, tomado el camino y la opción geopolítica que más nos conviene.
Nos guste o no, la geografía y la economía nos unen con el vecino del norte. Se dice fácil y muchas veces no se valora en su cabal dimensión, pero hoy en día México es el principal socio comercial de EU. Desde el año 1994, tenemos tratados de libre comercio que nos han resultado, en términos generales, bastante favorables. Tan sólo habría que apuntar, como al cierre del 2024, registramos un superávit comercial por el orden de los 170 mil millones de dólares. Pero de manera diametralmente opuesta, con China, con un país con el cual no tenemos un tratado de libre comercio, el año pasado cerramos con un déficit comercial enorme, por 120 mil millones de dólares. Las cuentas no mienten: lo que México gana en materia comercial con EU, lo pierde con China. Este desbalance nos ha generado una muy fuerte presión política, por parte de Washington, en una etapa complicada, en la que pronto iniciará la renegociación del TMEC.
Los aranceles de México contra China y otras naciones asiáticas oscilarán entre el 10 y el 50%, para aplicarse a más de 1,400 fracciones arancelarias. El Gobierno de México ha informado que con esta medida se busca proteger a 19 sectores industriales como son automóviles, autopartes, motocicletas, siderurgia, aluminio, electrónicos, textiles, calzado, plásticos, muebles y juguetes. Se pretende proteger 320 mil empleos formales y las empresas de estos giros, establecidas en Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Baja California, Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes, Querétaro, Estado de México y Puebla, hoy están de plácemes.
La SHCP también lo está, por sus propias razones, porque para el 2025 proyecta recaudar, por estos aranceles, ingresos por 255 mil millones de pesos.