En medio de una realidad que muchas veces nos abruma por la violencia, también hay historias que no hacen tanto ruido, pero que merecen contarse. Historias de instituciones que, lejos de los reflectores, han construido resultados.
La Unidad Especializada Antisecuestros de Sinaloa (UEA) es una de ellas.
No es una unidad improvisada ni reciente. Su origen responde a una etapa crítica del país, cuando el secuestro era uno de los delitos que más lastimaban a las familias y al sector productivo. En ese contexto, el Gobierno del Estado apostó por un modelo distinto: profesionalización, inteligencia, tecnología y, sobre todo, sigilo.
Y ese modelo, hay que decirlo con claridad, funcionó.
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Durante años, el secuestro en Sinaloa dejó de ser un delito recurrente. No desapareció por decreto, sino por estrategia. La UEA no solo atendió casos de alto impacto, sino que también evolucionó: enfrentó el fenómeno del secuestro virtual y las extorsiones telefónicas, delitos que migraron al terreno digital y que exigieron nuevas capacidades.
Ahí también hubo respuesta.
Hoy, en un escenario distinto pero igualmente desafiante, esa misma estructura vuelve a dar resultados. El caso reciente del empresario gasolinero, localizado con vida en menos de 48 horas, no es menor. Es una señal clara de que hay capacidades instaladas, de que cuando se aplica inteligencia y coordinación, el Estado sí puede responder.
Pero detrás de los resultados también hay conducción.
Hoy la Fiscalía General del Estado está encabezada por Claudia Zulema Sánchez Kondo, una figura que ha optado por una ruta poco estridente: trabajo silencioso, operación técnica y una comunicación institucional que, sin protagonismos, mantiene vínculo con los medios y con la sociedad.
En tiempos donde muchas veces se privilegia el discurso por encima de los resultados, ese estilo también dice mucho.
Reconocer el trabajo de la Unidad Antisecuestros no es un acto de complacencia, es un ejercicio de objetividad. Porque así como se señalan fallas en materia de seguridad, también es necesario visibilizar lo que sí está funcionando.
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El reto, por supuesto, es sostenerlo.
Que estos resultados no sean excepciones, sino parte de una política constante. Que la capacidad que hoy se demuestra en casos de alto impacto se traduzca en una percepción más amplia de seguridad.
Porque al final, de eso se trata: de que la confianza ciudadana no dependa de momentos, sino de instituciones que, como esta, han demostrado que cuando hay estrategia, sí se pueden cambiar las cosas.