En un mundo fragmentado, polarizado, marcado por la desinformación y múltiples crisis políticas, económicas y de seguridad, se hace necesario pensar en el futuro; un futuro que se anticipa, se prevé y se gestiona para generar mejores condiciones para los gobiernos, tanto en el presente como en el porvenir.
La prospectiva se convierte en una brújula que guía en medio de contextos llenos de incertidumbre y ayuda a salir de las crisis presentes. El futuro se construye con anticipación y con decisiones inteligentes, sustentadas en una visión de largo plazo que fortalece el presente y el futuro.
La CEPAL realizó una guía básica sobre gobernanza anticipatoria, cuyo objetivo es ayudar a los gobiernos a fortalecer sus acciones.
En América Latina y el Caribe se viven múltiples crisis, por lo que se sugiere implementar políticas públicas incluyentes y transformadoras. Melo Rodríguez y Vargas Lama proponen aplicar enfoques con sensibilidad, compromiso político y apertura hacia futuros construidos de manera colectiva. Esta guía plantea cuatro enfoques prioritarios, entre los que destacan la planificación, la prospectiva, el foresight y la anticipación.
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La planificación se entiende como un enfoque para reducir la incertidumbre mediante planes; la prospectiva se refiere a explorar los futuros posibles para orientar la toma de decisiones; el foresight se concibe como una forma de involucrar a diversos actores en la construcción de escenarios participativos; y, finalmente, la anticipación se plantea como una forma de actuar con legitimidad y capacidad de adaptación.
En esta misma guía se establecen elementos para instalar una cultura de la anticipación. Entre ellos destacan un pensamiento con capacidad para comprender las interacciones entre todos los actores y niveles, la apertura al cambio, así como la disposición para cuestionar, explorar y adaptarse a entornos cambiantes. También se enfatiza la participación, donde distintos actores sociales se unen con una visión compartida del futuro y una toma de decisiones informada.
Otro de los elementos fundamentales y prioritarios en la cultura de la anticipación es el aprendizaje continuo, en el que asimilar cada experiencia, reflexionar y redireccionar estrategias marca una ruta de colaboración proactiva hacia el futuro.
Entre las estrategias para incorporar la cultura de la anticipación se encuentran la educación, la sensibilización, la comunicación, la participación ciudadana y el liderazgo institucional. Entre los desafíos para su implementación destacan la falta de recursos y capacidades, así como la resistencia al cambio.
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En el futuro inmediato, la cultura de la anticipación tendrá que incorporar herramientas como la inteligencia artificial para innovar y generar oportunidades en el análisis de distintos escenarios, así como en la construcción de sistemas capaces de adaptarse a las necesidades actuales.
La política pública, desde su creación, formulación y ejecución, hoy más que nunca debe estar orientada hacia el futuro. Decidir y actuar desde el presente con una visión de largo plazo permitirá recuperar la política como un espacio de responsabilidad intergeneracional, donde medir sirva para aprender, ajustar y utilizar ese conocimiento como una estrategia fundamental.
Concebir el presente como una llave para crear escenarios futuros sostenibles, productivos y más inclusivos debería ser una de las principales prioridades.