Andrés Manuel, cámate po favo

El que el presidente Andrés Manuel López Obrador haya dicho este lunes —con tal énfasis que hasta golpeaba el atril de madera al pronunciar cada palabra―, que se convertiría en el guardián de las elecciones, cuando uno de sus hombres fuertes e intocables es precisamente Manuel Bartlett (el de la histórica caída del sistema en 1988) es un mal chiste para comenzar la semana.

            Me río del chiste pero también de mi impotencia y desespero al ver cómo tiro a la basura mi trabajo periodístico que había preparado durante el fin de semana para escribir esta columna de opinión catorcenal; primero, iba a escribir sobre la embestida presidencial al Conapred; luego, sobre la revelación de que AMLO ordenó liberar a Ovidio Guzmán; y ahora, sobre el ominoso anuncio del guardián de las elecciones. Y todos estos vertiginosos cambios de tema tan sólo en cuestión de horas, ¡por Dios! Andrés Manuel, cámate po favo.

            Bueno, no me digo sorprendido porque eso ya lo había advertido yo mismo en alguna de mis columnas pasadas, de la capacidad y astucia de López Obrador de usar la vieja táctica política de «mostrar para ocultar», de matar un tema polémico sacando otro tema polémico que desvíe la atención del anterior. Eso le ha funcionado muy bien. Y ahora, el país dejará de hablar del Conapred, de Ovidio Guzmán y hasta del coronavirus, para hablar profusamente de las elecciones del 2021, tema favorito de López Obrador. Vamos a donde nos dice AMLO. Él marca la agenda pública.

            En su estrategia de embestida contra los organismos autónomos del Estado ―para inhibir la participación ciudadana colegiada y asumir personalmente todo el control―, el presidente dejó al Conapred a punto del nocaut y ya con respirador artificial (pero no de los comprados al hijo de Bartlett a sobreprecio), para dirigir ahora sus baterías contra el INE diciendo este lunes lo siguiente, en su lógica de desdén hacia los organismos autónomos:

            «Muchos de esos organismos ni los conoce la gente, no sabe la gente, y mucho menos sirvieron, o sea, no hicieron nada, al contrario, los crearon para que se simulara, se hicieron de la vista gorda, y el ejemplo más claro es el INE, crearon todo un aparato durante todo este periodo costosísimo, es el aparato de organización de elecciones más caro del mundo, y nunca garantizaron elecciones limpias y libres.»

            «¡Cóóórtale! ¿Qué te pasa, mi chavo? ¡No puedes decir eso!». Esto es lo que sensatamente tuvo que haber dicho de inmediato su vocero presidencial y orquestador del guion de las conferencias mañaneras, Jesús Ramírez Cuevas, lanzándose al escenario como el personaje del súper portero de Eugenio Derbez.

            Es que mire usted: Si el presidente asegura que el INE nunca ha garantizado elecciones limpias y libres, es ignorar no solamente que en el 2000 ganó Vicente Fox y en el 2006 Felipe Calderón, sino principalmente no querer ver que en el 2018 ganó el mismo López Obrador. ¿O sea, un presidente de un país diciendo a nivel nacional que es presidente gracias a unas elecciones que no fueron ni limpias ni libres? ¿En qué momento lo perdimos?

            Fiel a su estilo, al presidente le ganan sus fantasmas del pasado que lo atormentan y que lo llevan por norma personal a descalificar a diestra y siniestra, a lanzar juicios sumarios públicos con una ligereza que asombra sobre cualquier tema y cualquier persona, aunque estos fantasmas traviesos le hagan ahora una jugada y lo orillen a darse un balazo en el pie, al asumirse él mismo como un presidente espurio producto de unas elecciones que no fueron ni limpias ni libres, según su propia lógica de criticar todo lo que ha hecho el INE.

            Obviamente, esto no es así. López Obrador no es un presidente espurio, ganó de manera limpia y libre con más de 30 millones de votos de personas que confiaron en el INE y que hicieron posible una vez más la alternancia política frente a un gobierno priista tristemente célebre como el de Enrique Peña Nieto. Este cambio de régimen, incluso, fue mayor en participación al protagonizado por Fox cuando terminó con 70 años de gobiernos priistas en el 2000, de ese tamaño es el mérito.

            ¿Y cómo fue posible esto? Se debió principalmente a la confianza de los ciudadanos en su órgano electoral. Desde 1990 son los ciudadanos, y ya no el gobierno en turno, los que han organizado las elecciones. El Instituto Federal Electoral primero, y ahora el INE, son un ejemplo de que los organismos autónomos del Estado son la vía para consolidar nuestra vida social y nuestra democracia a través de la participación ciudadana, sin la injerencia ni el control de los gobiernos.

            Desacreditar y desmantelar a los organismos autónomos es por tanto una involución social, un paso hacia atrás en las conquistas de la sociedad. Y en materia electoral, dinamitar esa confianza lograda por el INE, es como querer regresar al pasado, a antes de 1990, cuando el gobierno era el «guardián de las elecciones», con un hombre recio y de rostro lúgubre como su brazo ejecutor.

            Sí, ese hombre era Manuel Bartlett Díaz.

            Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda

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