AMLO en Fase 2

En lo que se calificó como Fase 1 de la contingencia sanitaria por el Coronavirus, me quedo con tres momentos presidenciales, en plena recomendación de la Secretaría de Salud de asumir medidas elementales de prevención, como evitar reuniones masivas, lavarse las manos, usar gel antibacteriano y mantener una sana distancia entre las personas.

Uno es la salida de Andrés Manuel López Obrador a la conferencia mañanera en Palacio Nacional rechazando el uso del gel, mientras sus acompañantes todos lo aceptaban. Otro cuando da un desafortunado beso a una inocente niña en una gira por Guerrero y el último el malabarismo verbal del uso de estampitas religiosas: “Retírate, enemigo, el Corazón de Jesús está conmigo”.

Y no me voy a referir al penoso video difundido en su gira del fin de semana pasado por Oaxaca, en el que hace un llamado a la gente a salir a la calle, a los restaurantes, en víspera del inicio de la llamada Fase 2, pero cuando ya muchos mexicanos, por recomendación de la propia Secretaría de Salud, nos apegábamos a medidas restrictivas e incluso estados y municipios ya hacían vigentes las suyas.

Video vergonzoso no solo por el contenido, sino también porque fue retirado sin explicación alguna de las redes sociales del Presidente, reconociendo con ello tácitamente el imprudente mensaje que en él se enviaba en tan inapropiado momento.

Ya en la mañanera del martes 24 de marzo, cuando se anunció el inicio de la Fase 2 por parte de la SS, tuve la oportunidad de observar a un Andrés Manuel López Obrador más concentrado y serio en el grave problema sanitario que enfrentamos.

Como los mexicanos lo queremos ver, más Presidente y menos imprudente y picapleitos. Tampoco tratando de hacerse el gracioso. No lo necesita. Llegó con un tremendo respaldo popular, que seguro aún mantiene en gran parte, por lo que ninguna necesidad tiene de mantenerse en campaña.

El momento le exige él mucha seriedad, y a nosotros, todos los mexicanos, a brindarle al mandatario todo el apoyo. Pero no debe manifestarse esto con el silencio incondicional ante toda acción presidencial. Señalar errores puede hacer que se rectifique un rumbo equivocado.

Callar los yerros no ayuda. Siempre he tenido en mucha estima la convicción ideológica. Pero para hacer un buen gobierno se necesita de la crítica responsable, no de fanáticos irracionales que enarbolando la lealtad a un líder o a un proyecto se convierten en cómplices de sus excesos.

Qué bueno que el Presidente también entra a la Fase 2. Que sea para bien y sobre todo que sea mejor que su Fase 1.

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