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Adicciones: el enemigo que empieza en casa

En estos días, el debate sobre la legalización de la marihuana vuelve a tomar fuerza, alimentado por decisiones como la apertura de espacios para fumar en...

Víctor Torres
Foto: Línea Directa. | Director General de Línea Directa, Víctor Torres.

En estos días, el debate sobre la legalización de la marihuana vuelve a tomar fuerza, alimentado por decisiones como la apertura de espacios para fumar en la Ciudad de México y otras ciudades del país, donde se permite el consumo gracias a un amparo otorgado por la Suprema Corte de Justicia y a permisos que otorga la Cofepris.

Hasta dónde hemos llegado como sociedad: ahora el Estado mexicano no solo tolera, sino que habilita lugares para consumir una droga.

El tema se polariza: unos defienden la libertad de consumo y otros advierten sobre los riesgos. Pero, más allá de la marihuana, hay una realidad que pocas veces se dice con todas sus letras: las adicciones no empiezan siempre con las drogas ilegales. Muchas veces, comienzan en casa, con productos que socialmente toleramos, aplaudimos o incluso celebramos.

El alcohol es un ejemplo claro. Se presenta como parte de la diversión, de la convivencia, del “brindis”, y se olvida que es una de las drogas más adictivas y destructivas que existen.

El alcohol genera violencia, accidentes, enfermedades y muertes, pero no provoca el mismo rechazo social que la marihuana.

Lo mismo ocurre con el tabaco, que a pesar de las campañas y las advertencias sigue atrapando a millones en una dependencia que mata lentamente.

Y hay un tercer elemento, del que casi no se habla: el azúcar. Su consumo excesivo produce una dependencia real en el cerebro, similar a la de otras drogas.

El azúcar está presente en los alimentos, bebidas y golosinas que consumen adultos, niños y adolescentes, y sus consecuencias van más allá de la obesidad: afecta el metabolismo, provoca inflamación crónica y crea un círculo de ansiedad y recompensa que cuesta mucho romper.

Si de verdad queremos prevenir las adicciones, debemos empezar por lo básico: educar con el ejemplo. Padres que fuman o beben con regularidad, aunque sea “socialmente”, mandan un mensaje ambiguo a sus hijos.

No basta con decirles que las drogas son malas mientras en las reuniones familiares se normaliza el consumo de alcohol o se les premia con dulces.

La prevención no es solo una campaña en los medios o una plática en la escuela. Es un compromiso diario. Implica hablar claro sobre los riesgos, pero también mostrar con acciones que se puede vivir sin depender de una sustancia para relajarse o divertirse.

Hoy que se discute la legalización de la marihuana, no olvidemos que el verdadero problema es más amplio y profundo. No se trata solo de regular una planta; se trata de enfrentar una cultura que minimiza el daño de las drogas legales y de los hábitos adictivos.

Si queremos un futuro con menos adicciones, el cambio debe comenzar en casa… y ese cambio, papás, empieza con el ejemplo.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Víctor Torres

Víctor Torres

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