OPINIÓN

Pugilistas marginados

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El Salón de la Fama Municipal de Culiacán ya prepara su próxima elección de inmortales. Es una tarea que realiza en coordinación con la Dirección de Deporte del municipio y el Ayuntamiento cada año, abriéndole espacio en su recinto a personajes del deporte que en algún momento de su carrera elevaron a lo más alto el nombre de la capital sinaloense.

Entre el proceso de selección, de análisis y la ceremonia de entronización se llevan alrededor de cuatro meses, siempre y cuando las condiciones lo permitan. Hay que recordar que las últimas dos se movieron sus fechas a causa de la pandemia que parece haber llegado para quedarse a perpetuidad, como los elegidos.

Pero el punto que quiero tocar no es precisamente que el evento está en puerta. Me mueve el interés de que hubiese más oportunidades para un deporte que muchas satisfacciones le ha dado no solo a Culiacán, sino al estado mismo: el boxeo.

En esta ciudad han nacido, y existen, grandes deportistas que dejaron una huella imborrable tanto en el profesionalismo como en el amateur, y nunca se les ha tomado en cuenta. Bueno, decir que nunca es exagerar, porque son inmortales elementos como Julio César Chávez, José Luis Ramírez, Chuyin López, “Bullterry” Soberanes y Delfino Rosales.

La lista, sin embargo, no se reduce a ese pequeño grupo.

Leonardo “Chino” Bermúdez, Luis “Pringa” Hernández, Guadalupe “Cholo” Rubio, Panchito García, entre otros, se desenvolvieron en la época romántica del pugilismo en Sinaloa al igual que los arriba citados. Sin embargo, para ellos no ha existido una oportunidad de ser tomados en cuenta, salvo la del “Pringa”, a quien por el autoritarismo de un directivo del deporte, este ordenó a la familia del boxeador retirar su registro, según me señaló un sobrino del ex campeón nacional minimosca, porque buscaban que toda la atención se centrara en un candidato.

Todos ellos fueron campeones nacionales. Por menos méritos, y no solo hablo del boxeo, otros ya cruzaron la puerta.

Existe otro elemento cuyo ingreso sería casi en automático por sus logros, y tampoco se ha tomado en cuenta. Me refiero a Genaro León, el pugilista que a principios de los ochentas ganó un boleto para participar en los Juegos Olímpicos y que más tarde se convertiría en el primer boxeador nacido en Sinaloa en la historia, en ganar un campeonato del mundo.

Deportistas como él no tuvieran por qué pasar un filtro. Desafortunadamente tampoco nadie ha levantado la mano para reunir toda la documentación que le permita su registro.

Con las nuevas reglas de que se otorgan tantos puntos al olímpico, Genaro necesitaría, de acuerdo al sistema, menos de una decena de votos para ingresar a un recinto que debió acogerlo desde hace rato.

Que tal vez pudiera ser un obstáculo la vida equivocada que llevó después de ponerle fin a su carrera, yo preguntaría ¿Quién de todos los entronizados no llegó a tener una mancha en lo personal y lo deportivo?

El otro problema por el que muchos no han llegado, se puede deber también a que algunos de los que emiten su voto desconocen la historia de esos pugilistas, porque, me consta, a la hora de depositar su sufragio lo hacían sin leer sus curriculum. Cuando fui miembro del comité elector, hubo personas que votaban de oído y no porque estudiaban las carreras, logros o hazañas de los candidatos.