OPINIÓN

AMLO y Quirino… El indio que volaba

Créditos: Archivo Línea Directa
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Aquella mañana de un lejano mes de septiembre, el cielo estaba llorando, y sus lágrimas chocaban y se dispersaban fríamente por nuestra humanidad.

Pero,  no era un llanto de dolor, sino por el contrario, se trataba de la bendición de una intensa lluvia que se desprendía desde unos grandes nubarrones que se habían formado muy por encima de las altas montañas en que ese día, un grupo de amigos nos encontrábamos.

 El frío que generaba el fuerte viento que soplaba, así como lo alto de la serranía, y el gran temor de ser impactados por alguna de las múltiples descargas eléctricas que se dejaban sentir a cada momento, aceleraba los escalofríos de nuestros cuerpos.

Aseguran los médicos y científicos en temas de la medicina, que ese tipo de sensaciones la genera la adrenalina, esa famosa hormona que nuestro cuerpo libera en momentos  de estrés, peligro y excitación.

Pero ahí estábamos los integrantes de aquel grupo heterogéneo, conformado por un destacado empresario, un campesino de la sierra, tres jóvenes socorristas de un cuerpo de bomberos, un abogado dedicado al ramo de bienes raíces, un brujo, y un periodista; Acertó usted, el último de los enunciados, es quien esto escribe.

¿Pero, qué  hacía ese grupo tan diverso en materia de actividades tanto profesionales, como empresariales, culturales y sociales, en lo más alto e intrínseco de la sierra madre occidental, sorteando los fuertes vendavales de la naturaleza?.

La pregunta es válida, oportuna y necesaria, si de entender la naturaleza del evento de marras se trata. La respuesta, no era por supuesto fácil de encontrar.

Y, quien piense mal, en ésta ocasión estará en un gran error. Porque, no estábamos ahí, buscando un terrenito donde sembrar mota ni amapola.

Tampoco acertaría, quien pudiera pensar que se trataba de unos aventureros extremistas y muy proclives a escalar montañas a rappel.

Nuestro grupo, no había escalado tampoco hasta esos grandes riscos con fines de cazar un venado de 12 puntas, o  algún escurridizo felino, ya  que el arma más  letal que portábamos eran los palos que nos servían de bastón para apoyarnos al caminar y no caer ni rodar cerros abajo.

En realidad, los ocho mortales que esa madrugada habíamos salido con destino a un incierto punto ubicado en los contornos del triángulo dorado, estábamos ahí para irrumpir en una legendaria cueva, donde estaba, de decía, estaba oculto algo muy importante: UN TESORO.

Válido es reír, o incluso  tildarnos de locos;  Es que, siendo realistas, para estar en ese peligroso y alejado lugar, a esas horas, y con aquellas terribles inclemencias del tiempo, en donde los rayos y centellas a cada instante pegaban más cerca de nosotros, realmente representaba una verdadera locura.

Pero ahí estábamos. Muy cerca ya del lugar en que la cueva se encontraba.

La riqueza, estaba cerca,  según el mapa que el campesino originario de aquella región nos había entregado al momento de la invitación para montar esa expedición.

Ya estaba cayendo la fría noche, pero los del grupo  seguíamos en espera de que la lluvia y los rayos amainaran y permitieran dar paso a las reglas de la logística elaborada.

Y es que el paso siguiente y definitivo sería la peligrosa bajada hasta la cueva, a base de largas lianas por parte de los tres valientes bomberos.

Deberían descender desde el pico de la montaña hacia una peligrosa y escarpada quebrada donde estaba la entrada a la gran cueva repleta de barras de oro y plata, así como de viejas y diversas armas de fuego de aquella época.

                EL INDIO “RAFAILÍO” Y SU CABALLO ENDIABLADO.

La lluvia y los truenos seguían, mientras se iba la tarde para dar paso a una noche que nada positivo parecía ofrecernos en medio de aquel paraje tan inhóspito y poco acogedor.

Recuerdo, que en un momento dado, me acerqué hasta nuestro guía y director de la ruta, para plantearle una duda que traía clavada y me había inquietado todo el día.

 Disculpe amigo, pregunté al guía de aquella loca caravana de presuntos nuevos ricos; ¿Según su leyenda, de quién era, y cómo  llegó el tesoro que estamos buscando hasta esa cueva de tan difícil acceso?.

Su respuesta fue rápida y precisa “Ese tesoro perteneció a  “El Indio Rafailío”, un legendario gavillero que a mediados del siglo antepasado asaltaba, asesinaba y les arrebataba el oro y la plata a los mineros de toda ésta zona de la sierra”.

Me aseguró, que según contaban los viejos de las poblaciones serranas, tras cometer sus fechorías, el presunto gavillero depositaba su rico botín dentro de la multicitada y mística caverna, destino final de nuestra aventura.

“El bandolero argumentaba que les quitaba el rico metal a los mineros, porque le pertenecían a la gente de la región”, narró el hombre de la sierra.

Pero, ya entrado en confianza con nuestro personaje,  le dejé caer la pregunta que por horas me había mantenido muy inquieto.

¿Disculpe otra pregunta, Don Liborio ; ¿Pero, si la cueva está en medio de un relieve tan alto de la gran montaña, a la que por cierto, una persona difícilmente puede aproximarse, como pudo entonces “El Indio Rafailío”  llevar hasta esa cueva tantas y tan pesadas barras de oro y plata?.

Aquel hombre, me miró fijamente con la seriedad propia de los lugareños de la sierra, al tiempo de responder con aplomo y mostrando grandes signos de convencimiento.

La verdad, dijo, es que el “Indio Rafailío”, tenía un pacto con el diablo, y podía volar a lomo de su caballo por entre toda la serranía llevando hasta su cueva el oro que se robaba”.

Al escuchar tal explicación, y alentado por los enormes deseos que tenía de regresar al suelo parejo, mi amigo el empresario con palabras titubeantes, preguntó al campesino.

“Con todo respeto, y con su perdón señor, yo podría creer que el Indio Rafailío, por el pacto que hizo con el Diablo pudo volar a lomo de su caballo por toda la sierra.

¿Pero, entonces, debemos pensar que el caballo también tenía pacto con Satanás?...”Porque entiendo Yo, que el que volaba era el caballo cargando el oro y llevando al Indio de jinete.

Tras las contundentes e irrefutables conjeturas de mi amigo, se generó el alegato, y en ese momento el pacto y la armonía entre el grupo se rompió.

 Y claro, se rompió de paso aquella endeble alianza sustentada solo por una mentira y basada en la existencia de un pacto hasta entonces oculto.

 Y claro, se rompieron también nuestros pobres sueños de hacernos ricos.

                             ACLARACION PERTINENTE…

Cualquier semejanza entre el aparente pacto del gobernador de Sinaloa Quirino Ordaz Coppel y el Presidente Andrés Manuel López Obrador, con el místico acuerdo entre “El Indio Rafailío” y el Diablo, aunque ofrezca similitudes, no deja de ser una mera coincidencia.

Y es que, en ambo pactos, al aflorar las realidades escondidas se originaron disgustos, decepciones, y el desgajamiento de simpatías y afinidades de los grupos que en su momento les dieron vida, dejando atrás proyectos, sueños y anhelos por cumplir.

Son grupos, que pese a sus grandes intereses comunes, pero ante la decepción que generan las verdades que afloran, se mueven hacia puntos indefinidos… Eso dicen.