POLÍTICOS

La consulta popular y sus problemas de metodología

Escrito en OPINIÓN el

Si la consulta popular del próximo 1 de agosto es para emprender procesos de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en el pasado por los actores políticos, entonces ese domingo los mexicanos podrán votar también por que se esclarezcan las donaciones millonarias que recibieron los hermanos de Andrés Manuel López Obrador en el 2015 para entregarlas al hoy presidente de la República ¿Verdad que sí? ¿O entiendo mal la pregunta?

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Ese es el problema de mezclar la ciencia con la política, o politizar la ciencia, cuando una encuesta (que es un instrumento científico de recolección de datos) se contamina con criterios políticos, planteando preguntas tan ambiguas que dan lugar a interpretaciones tan diversas o contradictorias como son las distintas formas de pensar de los individuos.

En su obra «El político y el científico», el alemán Max Weber ya advertía desde 1919 sobre esta dicotomía de todo gobernante entre la pasión y el saber, entre la acción y el conocimiento, y su necesidad de lograr un equilibrio entre ambas para actuar de manera responsable y racional en la conducción de un Estado. Por ello, criticaba a quienes corrompen la pureza del pensamiento racional mezclándolo con actitudes políticas movidas por la pasión, lo que no permitiría lograr esa buena conducción del gobierno.

En ese problema estamos en México en estos precisos momentos. Un instrumento (la consulta popular) que debería sustentarse en la metodología para medir sus resultados de manera objetiva, no corresponde a un criterio científico, sino eminentemente político que encierra dos graves contradicciones; la primera, querer una cosa y preguntar otra distinta; y la segunda y más preocupante, someter a consulta si debe aplicarse o no la ley, lo que es una aberración jurídica.

En cuanto a la primera contradicción, la pregunta que se formulará en la consulta es la siguiente: «¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?».

En fin, una pregunta confusa que genera más preguntas sin responder: qué acciones, qué decisiones políticas, qué actores políticos, cuáles años pasados. El problema de cuando una pregunta es ambigua y da lugar a varias interpretaciones, es que permite a quien procese los resultados decidir de manera discrecional sobre las acciones a tomar, interpretando lo que los encuestados quisieron decir pero sólo bajo su propia óptica personal, con un evidente sesgo (en este caso, político).

Una premisa básica en la metodología al momento de aplicar instrumentos de encuestas o cuestionarios de entrevistas, es que las preguntas deben ser claras y explícitas, que el ciudadano sepa sin lugar a dudas qué le están preguntando, y que tanto el encuestador como el encuestado entiendan lo mismo sobre la pregunta formulada; es decir, no estar pensando en una cosa y preguntar otra, asumiendo que el encuestado puede leer la mente del encuestador y entender de qué trata en realidad la pregunta.

Esa contradicción metodológica se da con la pregunta de esta consulta popular. El encuestador (el gobierno) está pensando en enjuiciar a los expresidentes pero le pregunta otra cosa al encuestado, con una redacción tan ambigua que el ciudadano puede entender cualquier otra cosa, como, por ejemplo, si le están preguntando si está de acuerdo o no en que se esclarezcan las donaciones millonarias que recibió en el 2015 Andrés Manuel López Obrador vía sus hermanos Pío y Martín. Porque, finalmente, en la ambigüedad todas las posibilidades caben.

Traducida esta ambigüedad a estudios de mercadeo, sería lo mismo como si una empresa pretendiera lanzar al mercado una nueva bebida de frambuesa y aplicara un instrumento para conocer qué piensan las personas; éstas darían sus opiniones, desde excelente, buena, regular, mala, me da igual, pero al tener los resultados la empresa lanza al mercado una bebida de naranja, simplemente porque al dueño de la empresa le gusta más la naranja y porque eso es lo que tenía en mente desde un principio antes de que la encuesta se aplicase.

Esas son las objeciones metodológicas de la consulta popular. De las otras objeciones, las éticas y morales (como el gastar 528 millones de pesos en la consulta en momentos en que los niños con cáncer no tienen medicamentos y cuando estamos en un nuevo brote mortal del COVID), prefiero no comentar nada, porque no quiero que me digan «golpista».

Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda