Opinión

El regreso a clases

lunes, 19 de julio de 2021 · 11:37

Hace una semana el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo en una de sus conferencias mañaneras: “Se reinician las clases a finales de agosto en todo el país (...). No vamos a tener para entonces problemas de contagios que puedan poner en riesgo a los niños, jóvenes, maestros y maestras y al personal educativo porque está demostrado que la pandemia afecta a las personas mayores”.

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De inmediato algunos gobiernos locales, entre ellos el de Sinaloa, dieron visto bueno a la pretensión, aunque en este caso aclaró que era deseable avanzar aún más en el proceso de vacunación.

Otros francamente lo rechazaron y en caso de los padres de familia, la mayoría de las opiniones fueron en contra o cuando menos de mucha cautela.

Y es que no es un asunto sencillo. Está por una parte el impacto que está teniendo la educación a distancia y las consecuencias que todo esto tendrá finalmente.

Por otra, que estamos viendo cada vez más contagios, y también muertes, de personas jóvenes e incluso niños en esta “tercera ola” con supuestas nuevas variantes de la enfermedad.

Ante los antecedentes, hay que actuar con mucha prudencia. Los padres de familia y personal de educación tienen motivos para asumir muchas reservas sobre el retorno a clases presenciales: La gran mayoría de las declaraciones del Ejecutivo sobre el tema del COVID-19 han sido ligeras, cuestionables, controvertidas o francamente falsas.

Por ejemplo, llamó en plena pandemia a las familias a salir a restaurantes, sacó los amuletos en su conferencia mañanera diciendo que era lo que lo protegía, nunca suspendió sus giras semanales, se ha negado sistemáticamente a usar cubrebocas, han sido recurrentes sus expresiones sobre el aplanamiento de la curva de contagios y frecuentes sus anuncios del fin de la pandemia, sucesos deseables pero fallidos, por no citar la zalamera y desmesurada postura del vocero Hugo López-Gatell, cuando dijo en conferencia mañanera que la inmunidad a la enfermedad del mandatario se la daba su “fuerza moral, no de contagio”, sin que éste cuando menos la matizara.

En una decisión tan relevante, donde está en juego la salud, y hasta la vida de millones de niños, jóvenes y maestros, hay que ser severos en la reflexión sobre su viabilidad y la seriedad y veracidad de las acciones y los dichos en el manejo del tema de parte de quien hoy se pronuncia.

El retorno a clases presenciales, cuando menos en Sinaloa, es deseable pero difícil y riesgoso en el corto plazo. Hacerlo, aún de manera parcial y escalonada, implicaría necesariamente un incremento notable en la movilidad con la reactivación de estudiantes, maestros y padres de familia.

Reanudar el movimiento en los planteles escolares exigiría de las autoridades, además de hacer respetar rigurosos protocolos de prevención, un intenso trabajo de distribución de productos y artículos para mantener sanitizados los planteles.

El gobierno se ha desatendido siempre de esta obligación. Han sido los padres de familia quienes con sus propios recursos se han hecho cargo de los gastos que implica mantener limpias las escuelas.

Hay que ver las condiciones para cuando inicie el próximo ciclo escolar, pero las cosas no se perciben tan sencillas desde ahora.

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